Hidromiel en el siglo XXI

13 diciembre 2011

Si eres friki, sabes lo que es el hidromiel: una bebida que gusta a hombres, elfos, enanos, magos, orcos, dioses y criaturas fantásticas por igual. Si además de friki eres un poco culto, sabrás que es una bebida real con la que ya se cogían sus buenas moñas griegos, romanos, celtas, normandos, sajones, vikingos y mayas.

bebiendo hidromiel

Empinando el codo. Aunque técnicamente no es mi codo...

Lo que a lo mejor no sabes es que de hecho el hidromiel se sigue fabricando, pero para eso está este blog. Para eso y para darte envidia, porque ya lo he probado gracias a esa maravilla de sitio que es Canadá, donde lo encuentras en las tiendas de vinos y licores y puedes convencer a los padres de tu novia de que sería un excelente regalo para tus padres, como hizo mi cacho-carne con los ojos como platos tras gritar “¿El hidromiel existe en Quebec?” y obtener como respuesta un tranquilo “mais oui”.

Ha pasado casi un año desde que el hidromiel llegó a casa. Un año de poder decir a la gente “pues sí, en casa tenemos una botella de hidromiel para una ocasión especial: el fin de un asedio, la quema de herejes en la plaza pública o la vacuna contra la peste negra”. Un año de preguntarnos si deberíamos dejarnos crecer la barba y matar un uro para usar sus cuernos como sofisticados vasos. Un año de molar que toca a su fin para dar paso a una vida entera de molar, porque nosotros ya hemos bebido hidromiel.

hidromiel-cata

Retrogustos, buqué y otras pijadas. El caso es que está bueno.

Y ahora vamos con la cata enológica. El hidromiel que teníamos nosotros se alejaba de su parecido con la cerveza y se acercaba más a un vino dulce, porque no tenía burbujas y era bastante denso en el paladar. Además era bastante fuerte para cualquier cerveza, pero gracias a la miel la sensación en la garganta es muy agradable. Vaya, que podrías estar bebiéndolo constantemente, aunque nosotros optamos por tomarlo con el aperitivo para acompañar unos canapés de foi (cuando abres una botella de hidromiel no vas a acompañarla con chopped… aunque un buen chopped pega con todo, las cosas como son).

Así que un nuevo punto para Canadá, que ya había conquistado nuestros paladares con el no menos místico vino de hielo del que ya os hablaré cuando pille las dos botellas que me esperan en Toronto.

Un pequeño paso para el cacho-carne, un gran paso para emigrar

3 diciembre 2011

Este fin de semana mi cacho-carne y su novia han dado un gran paso para el futuro de la humanidad, o cuando menos para el suyo inmediato: tras meses de agobio, de recorrer instituciones y Ministerios, de llamar a Embajadas, familiares, amigos y familiares de amigos, por fin han enviado por correo postal a la Embajada de Canadá en París todos los papeles para que mi cacho-carne pueda emigrar a Canadá como common-law partner de su novia. Ahí es nada.

Este plan empezó a gestarse cuando mi cacho-carne intentó que le admitiesen en alguna universidad canadiense para realizar un Master del Universo y le dijeron que flores, por más interesante que fuese su proyecto y su persona (que lo son, os lo digo yo y puede que un libro que saldrá en enero). El caso es que la beca de su novia en España como profesora de inglés se acababa, la situación económica en España y Europa no pintaba un futuro sencillo y algo había que buscar para que esta preciosa historia de amor siguiese adelante; así que tras mucho pensar acabaron decidiéndose por informar al Gobierno canadiense de que su relación va muy en serio y que tocaba buscarse el pan en Toronto. El plan era bueno, pero más complicado de lo que parecía.

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El típico momento clave de tu vida que te pilla poco inspirado. Por eso Neil Armstrong llevaba una chuleta con su frase.

En la foto podéis ver el contenido del sobre que acabamos de mandar. Ahí están los formularios oficiales, los certificados de antecedentes penales de España y Holanda (que costó un huevo conseguir… alguna consecuencia kármica tenía que tener la buena vida del Erasmus), el contrato de alquiler del piso en Madrid, el certificado de la cuenta conjunta en el banco (10 euros cobran en La Caixa, qué chorizos), correos electrónicos que demuestran que nos hemos estado hablando todo este tiempo (una selección de nuestras mejores obras literarias), fotos que demuestran que hemos estado aquí y allá con nuestros amigos y familia, fotocopias de pasaportes, un certificado médico, billetes de avión para que se vea que siempre volamos en el mismo avión, contratos de trabajo y declaraciones de impuestos, el recibo del banco de haber pagado las tasas correspondientes (1040 dólares canadienses, nada menos), emotivas cartas de amigos que certifican nuestra relación y traducciones juradas de todo lo que no está originalmente en inglés. Una ingente cantidad de papel que servirá para que alguien decida sobre lo real de nuestra relación y nos de la visa para mi cacho-carne.

En respuesta a familia y amigos, retomando la función informativa de este blog… ¿qué toca ahora? Pues mi cacho-carne y yo nos vamos a Toronto el 5 de enero, como turistas y con un billete de vuelta para abril (es necesario tener billete de vuelta para el visado de turista, aunque no sabemos si habrá que usarlo). No os preocupéis por nosotros, que le vamos a mandar a su novia la receta del roscón de Reyes para que no nos falte de nada. Una vez allí y cuando nos acabemos el roscón tenemos seis meses de visado de turista para disfrutar de la vida y unas vacaciones forzosas hasta el día en que llegue el visado, un simple papelito que dará a mi cacho carne permiso de residencia, de trabajo y toda la felicidad del mundo por no tener que preocuparse de dónde vamos a vivir los tres (y varios peluches) el año siguiente.

Pero eso no es lo mejor: al ser un proceso de sponsorship, que significa que su novia “patrocina” a mi cacho-carne, en el momento en que inmigración dé su visto bueno la pobre chica estará, por ley, obligada a mantener al mangurrián de mi cacho-carne, así que si no encuentra trabajo en Toronto (que ya sería raro en alguien que no ha pasado por el paro viviendo en España en los últimos años) ella tiene que cuidar de él. Yo de trabajar en inmigración lo tendría claro: si firmar algo así con un español y un calcetín no es amor del bueno que venga Dios y lo vea.

Ahora en serio, lo mejor es que por fin hemos terminado con este trámite que nos ha robado la alegría durante muchos meses. Hemos tenido que pelearnos con tres Gobiernos diferentes, un banco, dos traductores, varios empleadores, dos embajadas, un sin fín de ordenadores e impresoras, tres guías incomprensibles y no poca mala suerte para sacar adelante la solicitud. Lo hemos conseguido, pero hemos vivido lo peor de la burocracia y nos hemos sentido una y mil veces como el corto que os dejo aquí abajo, una obra maestra del análisis socioantropológico de la humanidad que no se aplica sólo a España.

Mi primer pan

30 noviembre 2011

A día de hoy trabajo con ordenadores, dedico parte de mi tiempo de ocio al ordenador (desde juegos hasta este mismo blog) e incluso dependo del ordenador para ver y hablar con mi novia (aunque dentro de poco será para ver y hablar con mis padres). Así que de vez en cuando me entran neuras en las que me planteo qué haría yo si no tuviese un ordenador delante, como por ejemplo si hay un holocausto zombi. Al principio podría escribir un blog sobre el tema, como en Apocalipsis Z (pedazo de libro), pero cuando nos quedásemos sin electricidad, ¿qué podría aportar yo a la sociedad aparte de unos cuantos chistes? ¿De qué me serviría saber cómo conseguir más retweets o cómo montar una página de empresa en Facebook?

Es un tema que me preocupa, y que además creo que afecta a una gran parte de la población. Hemos perdido la sabiduría que ha traído a la civilización hasta donde está. ¿Quién sabría hacer un queso sin mirarlo en la Wikipedia? ¿Y hacer un botijo para llevar agua de un sitio a otro? Piensa en tus amigos y mira cuántos saben algo de mecánica, artesanía, pintura, cocina, bricolage, construcción, cultivo, ganadería… el número es pequeño. Si el año que viene el calendario maya nos da una sorpresa vamos a tener que ponernos las pilas en todas estas cosas.

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Mi ópera prima panadera

Por eso yo, tras mucho buscar, he encontrado mi vía de escape para apagar el ordenador y mi futura utilidad en caso de colapso de la civilización (lo que, viendo cómo están los mercados, tampoco sería muy sorprendente): hacer pan. Es una tarea suficientemente sencilla como para que hasta el más zote de los seres humanos haya comido con pan desde la prehistoria, pero al mismo tiempo es un campo donde las posibilidades son infinitas. Desde una simple barra de pan hasta una empanada de ostras la base es la misma, y entre medias te puedes hacer más de un bollo preñao de chorizo. Además, en caso de holocausto zombi puedes ganarte el favor de los no-muertos haciéndoles molletes para que se coman los cerebros humanos en bocata… y dentro de un escenario algo más probable, tanto en mi familia como en la de mi novia el hacer pan es bien recibido porque se trata de comida, y de una comida que gusta a todos y que puede acompañar al queso, a la sobrasada, al foie, al jamón, al chocolate y a la mayonesa: ¡qué más se le puede pedir!

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Cocción y degustación del pan. Nota: a la 1.00 am vuelves a casa y te preparas pan recién hecho con sobrasada, y flipas.

En las fotos podéis ver el resultado de mi primera experiencia panificadora, siguiendo la receta del archiconocido Manual de Cocina de la Sección Femenina: un pan recio, con la corteza dura y al que le falta sal. Un pan que pensábamos que no iba a salir bien pero que al final está mejor que el del chino de la esquina y que sabe a “esto se me va a dar bien”, sobre todo porque como el primer bocado me supo un poco soso el segundo lo acompañé con un pedacito de morcilla de Jaén y al tercerlo le unté una buena cantidad de sobrasada. Un éxito de crítica y público (yo mismo y mi madre que me quiere mucho) que me da la confianza necesaria para seguir aprendiendo e impresionar a las visitas cuando vengan a verme a Canadá.

Así que ya lo sabéis, la próxima vez que me veáis lo mismo huelo a pan recién hecho, pero eso a la mayoría de vosotros no os da permiso para morderme.