Horóscopo chino 2012: ¡qué punteria!

25 enero 2012

Según el calendario chino hemos entrado en el año del Dragón. Eso tiene sus consecuencias interestelares, sobre todo si prestamos atención al interesante horóscopo chino. Un horóscopo en el que lo que marca tu destino no es el mes en el que naces, sino el año, y en el que este calcetín tiene el orgullo de ser nada menos que un Buey, que si lo miras bien es un toraco grande pero sin mala leche. Sí, hay símbolos mejores, como el propio Dragón o el Tigre, pero siempre es mejor ser un pedazo de Buey que una Rata o una Oveja.

2012, año del Dragón

2012, año del Dragón.*

Además, este horóscopo tiene cosas sorprendentes. Por ejemplo, ser un Dragón en el año del Dragón es precisamente lo malo, vaya usted a saber por qué… y a lo que aparente ser un Buey tampoco es lo mejor que te puede pasar. Así las cosas, mi horóscopo chino para este año dice:

Dado que el Buey está en conflicto con el Dragón, te esperan momentos de soledad, discusiones y disputas este año. Incluso puede que tengas algún tipo de problemas legales. A pesar de todo esto, serás afortunado. En lo profesional destacarás en profesiones que impliquen hablar: abogado, profesor, predicador o cantante. Si eres soldado o policía, será un año especialmente bueno. Si trabajas para otros no intentes destacar y confórmate con el puesto en el que estás. No apuestes ni especules con el dinero, limítate a ser feliz con lo que tienes. Ten cuidado con las discusiones de pareja. Puede que sufras muchos accidentes pequeños, pero por suerte para ti ninguno de graves consecuencias.**

Y después de leer esto me miro en el espejo y pienso en que a día de hoy estoy en el apartamento yo sólo la mayor parte del tiempo, que entre las opciones para llenar estas vacaciones obligatorias está ser profesor voluntario en un centro social, que tengo que conformarme con vivir de mis ahorros y no “intentar ninguna tontería” (como dijo el aduanero simpático), que si discuto con mi novia me voy a dormir al sofá que está a 6.000 km. y que tengo una absurda pero molesta lesión de rodilla. Será el Karma, que me está preparando un 2013 que te cagas.

Parece que los astrólogos chinos tienen buen ojo, y eso que llevamos sólo un par de días en el año del Dragón. Y sí, muchos diréis que es una tontería, pero al mismo tiempo no le quitáis ojo a las profecías mayas y os santiguáis al entrar en una iglesia (o campo de fútbol). Así que, ¿qué dice vuestro horóscopo para este año?


*Para admiradores de SOPA y Sinde-Wert: aunque la imagen no es mía, no he pagado por ella y no conozco al autor puedo utilizarla siempre que diga que es obra de un tal Kittisak. El Copyleft y el CreativeCommons funcionan.
**Según el horóscopo chino publicado en el periódico The Star

La telefonía móvil canadiense

19 enero 2012

Una de las prioridades al mudarse a otro país en el siglo XXI es hacerse con un número de teléfono móvil. Aunque no tengamos a nadie a quien llamar nos ayuda a sentirnos integrados y nos da seguridad: podemos pedir auxilio si nos perdemos, llamar para preguntar si tu novia quiere cheddar blanco o naranja, quedar con amiguetes, darles un número de teléfono a las instituciones gubernamentales que están tramitando tus papeles de inmigración, etc. Además ahora, gracias a la tecnología moderna, los teléfonos móviles son una puerta a internet perfecta para adictos como yo. Desde el teléfono “tuiteo” cosas que se me ocurren, hago “check-in” en los sitios donde estoy, subo fotos para que mi madre vea cómo es Toronto y hablo por Whatsapp con mis amigos de Madrid. Incluso podría escribir en este blog desde la parada del autobús, si tuviese algún motivo para ir a la parada del autobús.

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El móvil, ideal para tener a tu cacho-carne esclavizado

Así que, igual que hice en Holanda y la primera vez que vine a Canadá, me he buscado una compañía de teléfono que sea barata y cómoda (sin permanencias ni cosas así, no vaya a ser que tenga que volverme por patas). El problema es que eso en Canadá no existe: teléfono e internet son aquí caros, con condiciones leoninas y con servicios de atención al cliente de esos que sacan lo peor de las personas. Al parecer el problema viene de la falta de competencia, porque al parecer existe una ley que obliga a que las compañías de telecomunicaciones tengan un determinado (y muy elevado) porcentaje de participación propia. La idea era protegerse de las grandes empresas estadounidenses, pero a la larga esto se traduce en un oligopolio de tres compañías que hacen lo que les viene en gana, que ahora engañan al consumidor con operadores virtuales que en realidad son ellos mismos y que se aprovechan de la buena educación de los canadienses que pagan sin rechistar demasiado y tienen buenos sueldos.

Entre las consecuencias de esta situación, bastante parecida a la que teníamos en España cuando sólo podíamos escoger entre Amena, Vodafone y Movistar, destaco las más dolorosas:

  1. Los precios son caros, de porque sí.
  2. Las tarifas son del tipo “puedes llamar a buen precio los laborables a partir de las cinco de la tarde y los fines de semana, pero como llames fuera de ese horario te vamos a meter un palo que te vas a quedar tiritando”. Esto está bien cuando vas a clase, pero luego es un dolor. Por suerte he conseguido esquivar este modelo, porque los parásitos sociales no sabemos de horarios para llamar.
  3. No hace falta salir de Canadá para que te claven llamada internacional. Básicamente todo lo que quede fuera de tu ciudad y sus alrededores lo pagas como si te hubieses ido a Pekín. Personalmente prefiero el modelo español en el que llamar a Canarias es más barato que llamar a Marruecos, aunque esté mucho más lejos. Y además tendría su tema político, con aquello de cobrar más si llamas a Cataluña o al País Vasco, por ejemplo…
  4. Puede que encuentres una tarifa adecuada para ti y asequible, pero es un engaño. A esa tarifa tienes que sumarle lo que llaman “add-ons”, que vienen a ser extras que no tienen nada de extraordinario: tener buzón de voz, ponerte en la pantalla el número que te llama (¡en España tienes que bloquear estas cosas, no pagar por ellas!) y, cágate lorito, tener la posibilidad de llamar a emergencias (que no es un extra sino una tarifa que te cobran sí o sí). Esta última es la que cuando vivía en Ottawa sin llamar a nadie hacía que tuviese que recargar el teléfono cada mes, porque era un dólar al día (sí, 30 al mes).
  5. Aunque asumas el tema de los extras y el precio de la vida canadiense, aún te espera una nueva sorpresa: cuando tu tarifa dice que tienes 50 minutos en llamadas ¡se refiere también a las que recibes! Es decir, tu pagas por minutos de teléfono los uses como los uses. Vaya, que cobran al que llama y al llamado, pero no es que le cobren la mitad a cada uno sino que meten un palo por aquí y otro por allá. Lo bueno es que así acabas con los tíos perros que te dejan una perdida para que les llames tú.

En resumen, las compañías de servicios de telefonía móvil canadienses iban directas a Guantánamo según las normativas europeas. Si un día tengo que llamar a emergencias desde fuera de mi ciudad lo primero que hago es, sin lugar a dudas, poner una denuncia por el atraco que la compañía telefónica está perpetrando sobre esa llamada.

Pero tampoco quiero dejaros preocupados. Gracias a mi novia y a esas compañías virtuales (en este caso Koodo) que empiezan a aparecer por aquí tengo una tarifa que no está mal: 15 dólares al mes de precio base (50 minutos en llamadas, me sobra porque a mi novia sale gratis); 10 dólares al mes por identificación de llamada, buzón de voz y mensajes ilimitados (sólo la identificación eran 7 dólares, así que el paquete compensa); y una tarifa de datos flexible según la use, que mientras esté la mayor parte del tiempo en casa será poco. Al final, unos 30 dólares al mes (más sus correspondientes impuestos) que son un dolor comparado con los escasos 10 eurillos que estaba pagando en Simyo con 300 megas de internet incluidos.

Lo peor ha sido que para poder usar esta compañía he tenido que cambiar de teléfono, porque cuando ya parecía que no podía haber ninguna sorpresa más en la telefonía móvil canadiense resulta que cada compañía utiliza una frecuencia de onda distinta. Imaginad que un teléfono móvil que cuesta 500 euros funciona en Movistar pero no en Vodafone… una locura, ¿no? Pues aquí les pasa constantemente, con el agravante de que pueden ponerte en la web que tu teléfono va a funcionar y ser mentira cochina (experiencia propia, ya lo habréis imaginado).

Y tras leer todo esto alguien dirá “30 dólares al mes, eso no es nada, ¡yo me dejo 60-70 euros de media!”. Pues qué quieres que te diga, háztelo mirar porque es un robo y/o tienes un problema de adicción al telefonito.

Nuevas aventuras en la aduana canadiense

7 enero 2012

Pues sí, ya estamos en Toronto dispuestos a disfrutar de unas merecidas vacaciones tan largas como tiempo tarde la burocracia canadiense en tramitar la solicitud de common law partner en la que tanto esfuerzo hemos puesto. La verdad es que después de tanto tiempo preparando el viaje, y contando con que en octubre ya vinimos a ayudar a la novia de mi cacho-carne a montar el apartamento (aunque en este tiempo ha mejorado mucho el aspecto, y hay que agradecerlo), no hay mucho que contar en el apartado de nuestra nueva vida.

Además, el viaje fue bastante bien. Tuvimos incluso suerte con los asientos y nos tocó en una salida de emergencia para tener las piernas bien estiradas (aunque una canadiense listilla intentó que la cambiásemos el sitio porque se le hinchaban los pies… menos mal que mi cacho-carne tiene ahora mismo las rodillas para hacer chopped con ellas y buscarse unas nuevas), y el mayor inconveniente es que la segunda parte del viaje se me hizo tan larga que estoy convencido de que Frankfurt está más cerca de Ulan Bator que de Amsterdam.

Pero si hay algo sobre lo que mi cacho carne puede hablar es de experiencias aduaneras. Primero fue en el aeropuerto de Barajas, cuando la mujer más desagradable de la plantilla de US Airways se negaba a dejarnos subir al avión. Luego la parada en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, cuando una agente de inmigración canadiense no nos quería dejar volver a entrar al país no fuésemos a querer trabajar o estudiar (no debía saber mucho sobre la cultura española…). Y esta vez ha sido en el aeropuerto de Toronto, donde tras ver que el pasaporte de mi cacho-carne tiene más sellos de entrada a Canadá que páginas nos enviaron a la oficina de inmigración para leernos la cartilla.

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No sé qué nos ven... (foto cedida a las autoridades por Rache Mifune)

La verdad es que la experiencia no fue ni excesivamente larga ni muy desagradable. El agente de inmigración se limitó a decirnos que, según lo que ven en mi pasaporte y con los archivos que tienen guardados, mi cacho-carne tiene una relación con su novia y recalcó que

I just want you to know we know, and if you try to work or study here we are not going to like it and you don’t want that because we won’t welcome you anymore, so don’t do anything you shouldn’t do.

Como digo, aunque el contenido de su mensaje era claro y poco alentador, esta vez el agente era agradable en el trato y nos deseó suerte cuando le contamos que estábamos con el papeleo del common law partner (eso sí, a su manera de “es muy difícil que te lo den si no eres residente”, debe ser que no se ha leído los formularios tantas veces como nosotros).

Pero la aventura no acaba ahí, porque después de la experiencia de que nos digan que quieren que sepamos que saben lo que todos sabéis fuimos a recoger las maletas y… perdimos la hojita con la declaración de que no llevamos carne, semillas o alcohol como para una boda. Ese papel que rellenas en el avión, que simplemente marcas que no a todo y pones tu nombre, y que te sellan cuando te miran el pasaporte y se quedan cuando ya has recogido tu maleta salvo que tengas pinta sospechosa. Ese papel que os juro que metí en el bolsillo al salir de la oficina de inmigración y que no me di cuenta de que había perdido hasta que tenía a un agente pidiéndomelo.

Pues bien, resulta que si lo pierdes te hacen pasar por donde la gente sospechosa (reconozcamos que plantarse ahí diciendo que has perdido un papel que te acaban de dar es bastante sospechoso), que es donde registran la maleta en búsqueda de delicias que confiscar. Y os aseguro que, mientras esperaba mi turno con dos maletas enormes y una mochila a rebosar, me alegré más de lo que nunca habría imaginado de no llevar jamón, sobrasada o cualquier otra golosina ibérica. Eso sí, cuando llegó mi turno y le expliqué al agente de turno que yo no estaba allí por contrabandista sino por ser tan gilipollas de haber perdido el papel se limitó a volver a hacerme todas las preguntas de inmigración y no abrió ninguna maleta.

Yo no sé si es por lo del calcetín en el bolsillo, alguna cuenta pendiente con el karma o que mi cacho-carne tiene realmente pinta sospechosa, pero parece que la aduana canadiense se entretiene con hacernos pasar por estas cosas. Lo bueno es que al final siempre salimos bien… es lo que tiene ser una buena persona y un mejor calcetín :)