Si no me fallan las matemáticas, ¡ya llevamos 150 artículos!
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La moda de las pelis sobre comics parece no tener fin. Por eso unos cuantos visionarios del mundo del cine pensaron que no podían vivir toda la vida de Spiderman y X-men y empezaron a hacer pelis de comics menos conocidos pero muy molones como Sin City o 300. Verdaderos peliculones con estética de cómic, fieles a unos argumentos diferentes a lo habitual y a una estética sin termino medio: o te encanta o te horroriza. Pues bien, creo que cuando se propusieron hacer Wanted pensaban en subirse a ese carro de pelis supermolonas. Aunque no acostumbro a hacerlo, esta vez voy a contaros el argumento de la peli tal cual es…

Un tío que es un pringado se entera de la noche a la mañana de que es el hijo del superasesino más grande de nuestro tiempo, que acaba de morir en una azotea a la que ha saltado desde el edificio de enfrente atravesando un cristal para cargarse a varios francotiradores que intentaban cepillársele pero que en realidad eran un señuelo para que el auténtico asesino, que estaba cómodamente sentado en un sillón de su casa a varios kilómetros con un superrifle, le pegase el tiro perfecto.

Desde ese momento la vida de Wesley Gibson, el pringado, cambia radicalmente, porque la fraternidad de asesinos de la que su padre formaba parte decide protegerle del asesino a la vez que entrenarle para que sea él quien le dé caza y vengue a su padre. Además es el único que puede porque, como su padre, tiene la capacidad de hacer que su corazón lata a 400 pulsaciones por minuto suministrando más adrenalina a su cuerpo, lo que le permite reaccionar más rápido y conseguir cosas como quitarle las alas a una mosca disparando con una pistola.

Durante su entrenamiento Wesley aprende no sólo a controlar su poder, sino que también se estudia todos los asesinatos del asesino de su padre para poder superarle y aprende lucha cuerpo a cuerpo, a darse unos baños de cera que hacen que las heridas (tipo narices rotas, cuchilladas y balazos) se curen de un día para otro,  a disparar balas con efecto y a interpretar el Telar del Destino, que es el telar que rige la vida de la fraternidad al escribir en la tela en un complejo código de hilos entrelazados los nombres de las personas a las que los asesinos deben ir matando.

Al final, y esto no es jorobarle la peli a nadie porque no hay forma de jorobarla, resulta que Wesley no ha estado persiguiendo al asesino de su padre, sino que la fraternidad le ha engañado y a quien en realidad está intentando matar es ¡a su propio padre! Resulta que el señor Gibson descubrió que el jefe de la fraternidad 8Morgan Freeman) no estaba haciendo caso al Telar sino haciendo que los asesinos matasen a quien a él le apetecía. Como eso no se puede permitir, el señor Gibson le plantó cara y empezó a cargarse a los asesinos de la fraternidad, y por eso el jefazo decidió ir a por Wesley para tenerle controlado.

Cuando Wesley descubre todo el tinglado decide cargarse la fraternidad, para lo que utiliza ratas explosivas y acaba contando con la ayuda de una de las asesinas de la fraternidad (Angelina Jollie, flipa), que consigue que una bala describa un círculo perfecto atravesando la cabeza de varios de los asesinos. Al jefazo de la fraternidad se lo carga haciendo un disparo desde el sillón de su casa, a varios kilómetros, imitando el disparo que al principio de la peli se suponía que mataba a su padre pero que en realidad era obra del propio señor Gibson.

Y aun así, yo viendo la peli me lo pasé genial. Es peor que pegarle a un padre, pero si te la tomas a coña y la ves con unos amigos te ríes mucho. Como la comida basura: si tienes en mente lo mala que es puedes disfrutarla. Aquí tenéis el trailer para que entendáis de lo que hablo.

Una de las cosas que tiene vivir con una canadiense es que cuando hay Olimpiadas de Invierno en casa no se ve otra cosa, sobre todo si se celebran en Vancouver, que aunque está a miles de kilómetros de Montreal sigue siendo Canadá. Así es como un buen día que mi cacho-carne tenía amigos en casa acabamos todos viendo un partido de curling, pese a que también había Champions League.

Pictograma del Curling

Curling

Y resulta que el curling mola un huevo. Igual que un día descubrí de repente la genialidad del backgammon (un día os cuento la historia…) de repente me encontré a mí mismo gritando maravillado por la excelente jugada de Canadá en el final del desempate contra Noruega en la primera ronda. Lo que a la vista parece una mezcla de bolos y petanca con gente que barre el hielo de la pista es en realidad un juego lleno de estrategia que además requiere aptitud física.

Pero ¿quién demonios entiende el curling? Pues yo, y os voy a explicar todo lo necesario para entender este deporte de origen Escocés. Como curiosidad, sólo existe una fábrica de piedras de curling en todo el mundo, y está en Escocia.

Para empezar, vamos a explicar el terreno de juego: es una pista de hielo de 45 metros con una diana grande pintada al final, denominada “house” (casa) y cuyo centro se llama button (botón). La base del hielo es lisa, pero luego se echa agua rollo spray para que queden gotitas por encima… vaya, que el hielo no es liso sino “de grano fino”.

Esquema básico para entender el curling

Esquema básico para entender el curling.

Ahora, el objetivo: se trata de que tus piedras sean las más cercanas al centro de la diana. Vaya, como cualquier juego de estos.

La puntuación (ojo que viene una frase complicada): el equipo que tenga la piedra más cercana al button gana un punto por cada piedra que esté más cerca del button que la piedra más cercana del otro equipo. Cada equipo lanza 8 piedras en cada “end”, y se juegan 10 “ends”. Si al final de los 10 “ends” los dos equipos están empatados se juega un “end” de desempate, y si no consiguen deshacer el empate se siguen jugando “ends” hasta que alguien gana. Suena a tostón pero es realmente apasionante, en serio, todo es estrategia para decidir con tu última piedra del “end”… ¡creedme!

Puntuación Curling

En este caso, los azules ganan un punto, pero si no estuviese la piedra azul del centro serían los amarillos los que se llevarían dos puntos.

Ahora vamos a explicar a los jugadores, llamados “curlers”. Hay tres posiciones y cuatro jugadores por equipo: al que le toca tirar la piedra, el que dice al de la piedra dónde tiene que tirar y dos que van barriendo. Todos ellos visten igual, y todos llevan un zapato que desliza en el hielo y otro que no, por lo que parece que andan como patos borrachos.

  • El que dice al de la piedra dónde tiene que tirar: es un tío importante, porque básicamente decide la estrategia, como el catcher en el baseball (deporte difícil de entender y aburrido de ver… lo que es un rollo patatero, vaya). Él apunta con su escoba el punto al que debe tirar el lanzador, que está lejos de donde pasa la acción y puede no tenerlo tan claro. Esto significa además que este tío debe ser muy bueno calculando fuerzas y trayectorias para saber dónde van a acabar todas las piedras después de que su colega lance… todo un matemático.
John Morris

También conocido como “el calvo de Canadá, Kevin Martin es el amo del Curling. Grandísimo estratega y tío con puntería.

  • El que tira la piedra: lo único que tiene que hacer es tirar donde su compañero le diga con la fuerza adecuada para que ocurra lo que su compañero ha previsto (que, si el compañero es Kevin Martin, será algo que tú creías imposible). La piedra debe ir todo el rato deslizándose por el hielo, por lo que el tiro se suele hacer de la siguiente manera: agarras la piedra, te deslizas con ella y la sueltas. Así te aseguras de que va recta.
  • Los que van barriendo: en realidad es mucho más complejo que barrer. Uno de ellos va picando/levantando hielo para que la piedra no deslice mientras el otro lo va alisando/calentando para que sí deslice. No, no es que estén pelados entre ellos, es que esa es la forma de corregir la trayectoria de la piedra, que irá siempre hacia el lado donde deslice mejor.
Jugadores Curling

¡Venga chicos, barredme ese hielo!

Si alguien quiere más información, hay un muy buen artículo de curling en la Wikipedia (en inglés, el español es un poco caca). Ahora que alguien se ha tomado la molestia de explicároslo (con gran ayuda del cacho-carne Hugle Earth), espero que le deis una oportunidad.

Todos están bien: un trailer trampa.

No suelo poner los trailers de las pelis pero… ¿a que parece una comedia ligera? Los chistes, la caras alegres, la música animada, Drew Barrymore… pues no. Todos están bien es una muy buena película, pero es de las más tristes que he ido a ver al cine en mi vida.

Que esté reconocido, este calcetín ha llorado en el cine con Bambi, y Robert de Niro estuvo a punto de conseguirlo con la última escena de este dramón sobre una familia sin comunicación y un hombre que va descubriendo lo que sus hijos le han ido ocultando.

Así que es una película muy recomendable, pero estando preparado para lo que es. Como pille el tío perro que hizo este trailer le arranco la cabeza a mordiscos

Sí, en mi oponión Avatar es una película normalita. El guión presenta una historia que no es original y tampoco le da una nueva vuelta de tuerca. Los diálogos no son espectaculares, no hay ningún personaje para el recuerdo y la música es muy flojita para una super-producción de este nivel. Falla incluso el discuro militar de Jake Sully, que si William Wallace se pinta de azul los Na’vi acaban la peli dominando la galaxia. Y sin embargo creo que es una película que va a pasar a la historia, y para bien, porque es imprescindible ir a verla y descubrir lo que es el cine en 3D del futuro.

Como he dicho, la historia no es nueva ni mucho menos, sino que ya la echaban cuando el cine se llamaba “sombras chinescas en una pared de la cueva”. Imagino que todos hemos visto el guión de Pocahontas corregido que rula por Facebook y por los e-mails, y hace tiempo que todos vimos Bailando con Lobos. La única diferencia es que esta vez la historia está hecha para un público friki, porque si algo hay que reconocerle a James Cameron es que sabe dónde está el dinero y esta era la forma de batir su propio récord, el de Titanic.

El borrador de James para la peli.

Pero al público friki no le vale con que Pocahontas esté buena o, en su defecto, sea un alien azul. Lo que James ha hecho es contar una historia de toda la vida como nunca nadie lo había echo antes: en 3D y gastándose todo lo necesario en conseguir una película visualmente perfecta. Y es por esto por lo que se hace imprescindible ir a ver Avatar, consciente de que uno va a disfrutar de un espectáculo visual increíble y no de una película interesante. Como dice el grandísimo director español Juanjo Ramirez en su blog, parece más una película dirigida a los niños, que se quedan (nos quedamos) embobados con la espectacularidad de la peli, el 3D y los colores brillantes.

Todo esto me hace pensar que quizá lo flojo del guión y lo reiterativo de la historia no sea un defecto, ni algo en lo que James no pensó. Porque si la trama del guión requiriese prestarle alguna atención no podrías quedarte embobado mirando una medusilla que flota en una esquina de la pantalla, o juguetear a abrir y cerrar un ojo para ver qué pasa con el 3D, o simplemente flipar con los pilotos de las naves que tienen en frente los paneles de control tipo Minority Report. Tendrías que estar atento a lo que dice la gente o tener que leerte los subtítulos, y entonces la peli no tendría sentido.

Y es que ese es un tema del que estuvimos hablando al salir del cine. Ya no tiene mucho sentido pagar 8 euros para ver una peli en 2D si por 9,50 (sí, pequeños, viva el descuento a gente que ha conservado su carnet de universitario) puedes verla en 3D que es la leche. Pero al mismo tiempo, una peli de Garci en 3D no deja de ser un muermazo con profundidad y volumen, así que parece claro que hay que saber escoger qué pelis ir a ver en un cine 3D y esperar a cosas como Avatar, hechas por y para aprovecharlo.

Como ya comenté al hablar de Barcelona, unas de las grandes sorpresas que me llevé en aquel viaje fue el descubrimiento de Happy Pills, una tienda de caramelos y golosinas que no está pensada para patuquillos sino para calcetines mayores que cada vez que entran a por sus dosis de azúcar a las tiendas “de chuches” se sienten viejos porque todo son colores brillantes y niños sonrientes… y porque todo está a medio metro del suelo y hay que agacharse. Por eso el descubrimiento de Happy Pills en Barcelona y el anuncio de que abrirán en Madrid pronto me hace sumamente feliz.

La entrada a la gloria, en Barcelona

La gracia es que toda la tienda (unos 9 m2, vaya) está ambientada como una farmacia y el logo es una cruz rosa (supongo que por temas de copyright no podía ser roja, que luego viene la SGAE y te pega un palo mientras González-Sinde te cierra la Web). Pero lo que de verdad mola es la forma en que compras las golosinas. Porque sí, puedes ir a una tienda cualquiera, coger una bolsa de plástico transparente, llenarla de lo que quieras, pesarla e irte tan contento a tu casa con tu botín (u otro banquero de tu elección); o puedes ir a Happy Pills, comprar un bote que imita a los de las medicinas (o un pastillero como el que usa tu abuela, depende de lo que entiendas por molón), llenarlo hasta arriba de todo lo que quieras, ponerle una prescripción del tipo “contra los lunes” o “contra los típicos souvenirs de Barcelona” y salir de la tienda molando tanto como House y este calcetín.

Además, si eres vago o no tienes tiempo para escoger las gominolas de forma que de verdad parezca una prescripción médica (hay que jugar con los colores y las formas, sin olvidar lo que te gusta zamparte) tienen unos paquetes ya preparados, más grandes y que vienen en una caja con una explicación más larga de la dolencia y el contenido del medicamento.

Y sí, si quieres puedes llevarte las gominolas en una bolsa de plástico, pero coge otra bolsa para llevarte también todo mi desprecio.

De lujo en Helsinki

Como en su día no me quejé en el trabajo de que me hiciesen irme de viaje/paliza el día del cumpleaños de mi cacho-carne, alguien pensó que tampoco iba a protestar si me jorobaban el puente de noviembre mandándonos a Helsinki. La verdad es que me quejé un para asegurarme de que no me van a robar también la Navidad, pero bien que hice la maleta y me fui para Finlandia… así que por mantenerme fiel a la verdad y conservar el trabajo reconoceré que de nuevo hemos sacado todo el partido al viaje.

Helsinki al sol del otoño.

No sólo eso, sino que además puedo decir que la profesionalidad va en aumento y en Helsinki me vi a mí mismo planchándome una camisa en el hotel antes de ir a hacer una entrevista. Porque, queridos amigos, ese es el último lujo en los hoteles de lujo: poder plancharte la ropa. La verdad es que no me sorprende tanto cuando otro de los lujos que se permite la gente rica es pagar para que alguien les llame por teléfono a las seis de la mañana para despertarles. ¿No será el lujo que nadie te despierte? ¿De verdad prefieres pagar y que alguien oiga tu voz pastosa de estar dormido en vez de ponerte la alarmita del móvil?

En cualquier caso, si el hotel en el que estuve en Atenas era el más lujoso en el que nunca he estado, tengo que reconocer que los hoteles Hilton me han gustado mucho, porque no llegan a tal punto de lujo pero están muy bien pensados y te ayudan a entender cómo vive la gente rica. Por ejemplo, no hay escobilla del váter. O es tan lujosa que alguien al ha robado antes que yo, que no lo descarto. El caso es que no me imagino a Paris Hilton, que para eso estos hoteles son cono su casa, bajando a recepción y diciendo “mire, es que he dejado el váter lleno de zurraspas y me gustaría limpiarlas, pero no hay escobilla.” Yo tampoco lo hice, en gran parte porque además descubrí que esa puede ser una de las utilidades de la misteriosa manguera que ponen al lado de los váteres en Finlandia y que mis amigos de El Finterrete, de Erasmus en Helsinki, ya analizaron hace un tiempo.

Foto conmemorativa de el 1er encuentro “El Finterrete” - “¿En qué piensa un calcetín?”

El otro gran lujo del hotel, aparte de unas camas realmente cómodas, es el suelo del baño. Como bien sabemos todos, las habitaciones de los hoteles suelen estar enmoquetadas porque resulta muy acogedor, y el problema es que si enmoquetas el baño no tardas en tener una plantación de hongos considerable por la humedad y el calor. Eso normalmente implica que el suelo del baño está sumamente frío, y lo que han hecho en los Hilton es meterle un sistema de calefacción por debajo. Una idea simple pero sencillamente genial.

Además, los hoteles Hilton mantienen viva la sana tradición de poner en un cajón de la mesilla la Biblia… aunque no me imagino a Paris Hilton leyéndose la Biblia. Claro, que tampoco me la imagino leyéndose las revistas de la mesita o el folleto del desayuno, por mucho que te diga que van a ponerte tarjetas de colores en la comida por si quieres un desayuno energético, Light o lleno de fibra (ojo con la fibra, que ya he dicho que no hay escobillas). La verdad es que a la hora de la verdad yo no me fijé las tarjetita de colores sino que me comí todo lo que pillé cada mañana, con especial ansia el salmón ahumado y con especial desagrado al llevarme a la boca algo que sólo puedo describir como boquerones en vinagre. Para desayunar con el café y los cereales. Pero tampoco me voy a quejar de la comida, porque como he dicho en el desayuno me ponía tibio, durante las conferencias siempre había bocatillas, fruta, cafés, refrescos y demás, en las comidas nos cuidaron bien (aunque, para futuras organizaciones, recomiendo no planificar comer sushi en un autobús en marcha) y las cenas…. ahora voy con las cenas.

Tampoco iba a poneros fotos de una habitación del hotel… ¡disfrutad de Helsinki!

La primera fue la de bienvenida, en un salón privado del hotel y con unos platos que, pasando por alto el feo detalle de no darnos comida tradicional finesa, estaban muy buenos. Pero es que la segunda noche nos llevaron a un restaurante “privado”, que sigo sin saber lo que significa pero os lo voy a describir. Para empezar, está en la azotea de un edificio en el centro de la ciudad, y para llegar tienes que coger el típico ascensor de edificio de oficinas que tiene un directorio… pero en el directorio no pone qué hay en la última planta. Cuando llegas, el ascensor se abre directamente dentro del restaurante y hay unos camareros esperándote con una copa de champán y un ropero para guardar la chaqueta. Después a nosotros nos subieron a la azotea en sí (que en invierno es cerrada y en verano abierta) desde la que puedes ver los tejados de toda la ciudad mientras cenas un menú de cocina fusión finesa-japonesa, cada plato acompañado por su vino correspondiente. Todo esto sin que haya nadie más en todo el restaurante, todo decorado con un exquisito gusto con un diseño moderno basado en el color negro, iluminado con luces tenues o velas y un servicio atento y simpático sin resultar en absoluto empalagoso o cargante. El sitio se llama Black, al parecer uno de sus dueños es la mujer de Raikonnen y es uno de los clubs más exclusivos de Finlandia. Vamos, un sitio tan pijo que se han pensando hasta el más mínimo detalle del baño, que tiene una percha para colgar la chaqueta (pero no digo un gancho en la pared, digo una percha de verdad) y, atención, papel Higiénico negro para no romper con el estilo.

Papel higiénico negro

Sinceramente, espero que nadie estuviese fuera y oyese el ruidito del móvil al hacer fotos dentro del váter… no se si sería peor dejarlo a su imaginación o explicarle que estaba haciendo fotos del papel higiénico.

Bueno, hora que ya he dejado de recrearme en el lujo en el que estuve viviendo tres días puedo contar algo sobre Helsinki. Sinceramente, es una ciudad preciosa en la que cualquiera podría vivir si no fuese por el frío tremendo que hace, al que yo me adapté bien gracias a la experiencia del invierno en Canadá, que es mucho más frío que esta parte de Finlandia. Como tantas otras veces, he visto como el mero hecho de tener el mar, ríos o canales hace que una ciudad gane muchísimos puntos en la escala de molonismo y habitabilidad. Yo aproveché desde el primer minuto para patear Helsinki, y además conté con la ayuda de un gran amigo, Álvaro, co-autor de El Finterrete, que me supo llevar a los sitios más chulos que cierran los lunes (el museo de arte contemporáneo, una iglesia que tienen hecha en la roca…), así como al estupendo mercado en el que pude comprar carne de reno y de oso (lo que posiblemente sea ilegal en muchísimos países).

La isla de Suomelinna, una visitilla genial y muy cultural.

También me llevó en los tranvías, donde por cierto bien puedes descubrir que el conductor es un chaval de Alcorcón, y si no hubiese sido por Álvaro nunca habría ido a Suomelinna, una islita estupenda a diez minutos de Helsinki (de hecho el barco se paga con el propio billete de autobús) que fue uno de los bastiones de la defensa de la ciudad en las guerras entre suecos y rusos. Si el periodista alemán que se vino conmigo hubiese sabido cómo hacer fotos veríais un reportaje fotográfico estupendo, pero el pobre era un negado para la tecnología digital.

Y esto es lo que dio de sí el viaje de trabajo a Helsinki, sin duda hasta la fecha el mejor organizado en el que he tenido la suerte de estar. El próximo ya tiene destino: Zeist, en Holanda.

Inglourious Bastards, más y mejor Tarantino

Que me gusta Tarantino (eh… sus pelis) es algo bien sabido por todos los que me conocen. Incluso por gente que no me conoce de nada pero lleva tiempo leyendo este blog. Para todos ellos, aquí está mi comentario sobre Inglorious Bastards, el último regalo al mundo de Quentin y un peliculón como la copa de un pino.

La peli cuenta la historia de un grupo especial del ejército estadounidense destinado a Europa para cargarse a cuantos nazis puedan. La gracia es que todos los del grupo son judíos y tienen mucho (pero que mucho) resquemor a los nazis, y eso es lo que le da pie a Quentin para meter sus conocidas escenas sangrientas y desagradables que a gente con problemas mentales como yo nos gustan tanto cuando las hace él.

Básicamente este es el argumento de la peli, al que se añaden un trauma infantil y un plan para acabar con la jerarquía fascista al completo. Lo que convierte la peli en un peliculón es, aparte de que el guión resulta mucho más maduro que otros de Quentin, lo bien construidos que están los personajes. De la cabeza a los pies cada uno de ellos está trabajado a la perfección, desde la forma de andar hasta cómo reaccionan a cada situación. Y sobre todo se hace imprescindible ver la peli en versión original, ya que una gran parte de la caracterización se consigue a través de los idiomas que habla cada personaje. De hecho, nunca me ha gustado tanto Brad Pitt como al oír el buon giorno del teniente Aldo Raine. Esa escena sería mi favorita si Quentin no se hubiese currado la de la taberna llena de alemanes, donde sale a la luz el mejor Tarantino dirigiendo unos minutos de tensión interminable que terminan de la única manera que podían terminar.

Lo único que me sorprende es que siendo una película de Tarantino no tenga nada que decir sobre la banda sonora. Normalmente es una de las cosas que más destacan en sus películas, y en cambio ahora mismo no soy capaz de recordar ningún tema de Inglorious Bastards. Seguramente eso significa que yo le exijo ya mucho a Quentin, y que la música se integra perfectamente en la peli pero no resulta memorable como el baile de Pulp Fiction ni te taladra la cabeza de por vida como el silbidito de Kill Bill.

Como dijo Aldo Raine: ¡Arrivederci!

Jorge Salán es sin duda un guitarrista excepcional. Tanto su carrera en solitario como su paso por Mägo de Oz demuestran una aptitud insuperable y un dominio de la guitarra eléctrica y del rock que muy poca gente ha alcanzado a lo largo de la historia. En sus discos demuestra además que esto no se trata únicamente de hacer solos increíbles y mover los dedos más rápido que nadie, sino que compone con una madurez increíble, sin convertir sus canciones en un escaparate de lo mucho que mola. Entonces, tú que estás leyendo esto, ¿por qué no has oído nunca hablar de un tío que tanto se asemeja a un Dios verdadero pero en carne y hueso? Pues por una sencilla razón: Jorge Salán es un genio en todo lo referente a la música, pero no es un tío que mole.

Fondo de pantalla descargable desde su web… ¡mira que mola el logo!

Para empezar, está su forma de vestirse: desde unas botas con alzas para disimular que no es un tipo muy alto hasta unos pantalones de dudoso gusto. Luego está lo de ponerse un ventilador apuntando a la cara para que durante todo el concierto su melena quede al viento (esto, tras largas discusiones, puede deberse a la utilidad de quitarse el pelo de la cara). Y por último está su forma de gesticular, que a ratos parece que tocar la guitarra le produce un dolor inhumano (otra vez tras largas deliberaciones, puede ser que Salán sea uno de esos genios que siente la música de una forma que a los demás mortales nos es difícil de entender). En resumen, que aparte de tener un clarísimo don para la música ha estudiado mucho todo lo referente a ella, pero nunca se ha parado a hacer un solo con la escoba delante del espejo e imaginarse que está delante de 20.000 personas que se saben de memoria sus canciones.

Y sin embargo no puedo dejar de decirle a todo el mundo que escuche sus canciones, y desde ahora que vaya a sus conciertos. Porque puede que Jorge no sea un tío molón, pero lo que yo sentí ayer escuchando en directo el Driving Through the Tunnel es algo imposible de explicar. Puede que no sea transgresor, que no cause polémica y que los medios no le presten la atención que merece; pero es uno de los mejores músicos que ha habido en este país, un gran artista al que aún puedes ir a ver por 7 euros en una sala pequeña y difícil de encontrar donde el escenario queda tan cerca que puedes tocarle y luego puedes verle tomándose una cerveza como uno más. Un tío del que da gusto ser fan.

Desde que la novia de mi cacho-carne llegó a España estaba claro que una de los viajecillos de fin de semana iba a ser a Barcelona, que es una ciudad de nuestro querido país bien famosa. Además,  la novia de mi cacho-carne ya había estado y resulta que es una ciudad de la que está enamorada, así que no podíamos fallar. Y, para rematar la jugada, teníamos una casa donde dormir por la patilla una de las noches, así que la alineación de planetas era perfecta para que por fin este calcetín conociese la Ciudad Condal.

¡Benvinguts a Barna!

¡Benvinguts a Barna!

Como todo buen madrileño, una vez me bajé del AVE (que por cierto es la leche) empecé a mirar con los ojos entornados a todo el mundo, por aquello de que en seguida te cogen el acento y te tratan con cierto desdencillo porque tú eres de la capital y ellos son de Barna, neng. Pero desde ya digo que en todo el fin de semana no sentí ningún tipo de desprecio ni resquemor proveniente de nadie, salvo de una camarera que ya era borde de por sí y simplemente un poco más borde con nosotros. Se agradece que podamos ir acabando con estas tonterías entre nosotros y guardar todo nuestro resquemor contra los calcetines de hilo y los franceses.

Yendo al grano, Barcelona es una ciudad la mar de chula, llena de sitios que visitar y cosas que hacer. En mi opinión, es una ciudad muy abierta y cosmopolita, el tener mar le da mil puntos extra y lo único que a mí me desquicia un poco es que la mitad de la ciudad tiene un horrible tufo gafapasta/culturetilla. Da igual que sea un museo, una tienda de chocolate o un bar, todo desprende diseño y molinismo moderno. O molinismo retro, pero porque eso lo moderno, no sé si me explico.

La otra cosa que no termino de entender es que parece que se han puesto de moda las tascas vascas, porque tienes por todas partes bares donde comer y beber igualito que en San Sebastián. No es algo que me desquicie como el gafapastismo (de hecho bien que aproveché la situación para comer), pero creo que turísticamente hablando no es lo mejor porque los guiris deben volverse a sus casas con una buena empanada mental de la cultura española. No me sorprendería llegar a Tokio y encontrarme un “Bar Catalunia” donde ponen txacolí y pintxos de bacalao.

Guiris disfrutando de la confusión.

Guiris disfrutando de la confusión.

Para quien busca algo más de la tierra, por lo que yo he visto de lo mejor que puedes hacer es ir a visitar el mercado de la Boquería (que de todas formas es una parada obligatoria) y comer en alguno de los baretillos que hay ahí. De hecho, la recomendación del chef (la novia de mi cacho-carne, vaya) es el “Quim de la Boquería”, que es más caro de lo que cabe esperar de un tugurio dentro del mercado pero al parecer la comida merece muchísimo la pena, cosa que tampoco se espera de un tugurio dentro del mercado.

Yendo a la parte cultural, es imprescindible si pones la panza en Barcelona visitar el Parque Güell, el parque diseñado por Gaudí y que es simplemente genial. No os dejéis engañar, el autobús te deja en la puerta (tras dar un rodeo) y te ahorras subir una cuesta del copón. Además, visitar el parque es la única forma en que la gente normal puede disfrutar de Gaudí, porque la gran pega de Barcelona es que es cara de narices a la hora de visitar cosas. Que yo comprendo que terminar algo tan descomunal como la Sagrada Familia requiere una inversión importante, pero que no hace falta construirla en oro y 11 eurazos la entrada hacen que mucha gente se quede sin entrar (bien ayudados por la impresionante cola).

La desilusión de los culturetas pobres.

La desilusión de los culturetas pobres.

Lo mismo, pero mucho más hiriente, pasa con la Casa Batlló. Resulta que es algo tan chachi que va la UNESCO y lo declara Patrimonio de la Humanidad, que viene a decir que hay que conservarlo y cuidarlo para que todo el mundo pueda verlo y disfrutarlo por los siglos de los siglos. Pero resulta que lo que la han debido de declarar es Patrimonio de la Humanidad Pastosa, porque no me parece a mí que 16 euros la entrada faciliten el acceso universal a la cultura, precisamente. Creo que con semejante cantidad de turistas y tal variedad de monumentos la ciudad podía fácilmente encontrar otras formas de financiación para facilitar que la gente joven, o la que no tiene un presupuesto muy amplio para viajar, pueda disfrutar de estas cosas. Tengo que repetir que la ciudad me encanta y el ambiente es genial, que disfruto paseando de un lado para otro, pero se me queda esta espinita clavada de no haber entrado a dos monumentos que aparecen en los libros de historia simplemente porque no me llegaba el dinero.

A cambio, metiéndonos en la parte amable de Barcelona, existen unos cuantos sitios muy recomendables. Para empezar, una Catedral en la que no sólo puedes beber agua de una fuente, sino que lo haces al lado de un estaque con cisnes. ¡Cisnes en la casa del Señor! En mi opinión es algo digno de ver. Como lo son la Sagrada Familia, la Casa Batlló, el Parque Güell y todo lo que huela a Gaudí, que aunque te quedes en la puerta es algo impresionante. Por supuesto, ya lo he dicho antes, el mercado de la Boquería es una parada vital: la vida que desprende este sitio es espectacular, y todo gira en torno a la comida. Y claro, teniendo mar no se puede dejar de ir a ver el puerto y la archifamosa estatua de Cristobal Colón señalando para donde no es (si esta estatua nos dice algo es que el chico no “descubrió” América, sino que más bien se la “encontró”) y, si tienes suerte, uno de los barcos más famosos del mundo: el Rainbow Warrior de Greenpeace.

Imprescindibles de la ciudad Condal.

Imprescindibles de la ciudad Condal.

Y por fin ha llegado el momento de hablar de cosas que nadie conoce y que a mí me han encantado. La primera es una tiendecilla/bar de chocolate que se llama Bubó, situada detrás de una placilla estupenda. El sitio es de esos muy gafapastas que hemos comentado antes, pero cuando pruebas sus postres se te va de la cabeza todo prejuicio porque está buenísimo y a un precio muy asequible teniendo en cuenta la calidad de las creaciones (que así llaman los gafapastas al postre). Además… ¡te regalan el vaso! No voy a decir que escogiese mi chocolate porque sabía que me iba a quedar con el vaso de cristal, pero sí que se agradece no tener que planificar cómo escurrírtelo al bolsillo.

mmmm chocolaaaaaate.

Mmmm chocolaaaaaate gafapaaaasta.

Pero la gran sorpresa de este viaje ha sido sin lugar a dudas Happy Pills, una tienda de gominolas cuyo nombre debe de ser ilegal bajo las leyes de protección del menor por incitar al consumo de drogas. Es un sitio tan genial que merece que le dedique un post entero, así que tendréis que esperar.

Y , como siempre digo al llegar al final de un artículo sobre una ciudad o un país, todo esto no son más que palabras y algunas fotos chulas, y si de verdad quieres conocer Barcelona tienes que ir hasta allí y patearla. Es de esos sitios que no decepcionan, salvo si eres guiri y lo que quieres es conocer la España profunda, que entonces es mejor dejarse de modernismos y tirar para Castilla la recia.

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No sé cómo he podido tardar tanto en publicar esta entrada.. ¡dos días! Sí, últimamente me lleva meses hacer un artículo cualquiera, pero ahora resulta que gracias a las redes sociales dos días dan para mucho. Hace 48 horas la gente empezó a protestar por el proyecto de ley que permitía a una comisión del Gobierno cerrar páginas sin que un juez diese el visto bueno (ejemplo práctico: imagináos que la SGAE puede ir cerrando páginas a su antojo y luego ya veremos qué piensa el juez…). Hace 40 horas los blogs de toda España se llenaban con este mismo manifiesto (por la tarde las cifras eran de unos 60.000 blogs, y por la noche de 200.000). Hace 24 horas algunas personas elegidas por vaya usted a saber quién (pero ojo, salvo por un par de ausencias muy bien elegidas, gente de coco y que saben mucho de Internet) se reunían con la Ministra para hablar del tema. Hace 14 horas el Gobierno empezaba a recular. ¿Quién sabe qué pasará mañana?

De momento aquí está el granito de arena de este calcetín para esta grandísima montaña.

En defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

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Calcetines al habla

  • dresde: @Pa-put-xee: lo del origen está contrastado… no existían escobas en el siglo en que se inventó este...
  • Gromit: Mmm… Curioso… Me has tocado la fibra con el curling… Yo que llevo siguiéndolo desde hace...
  • Pah-put-xee: No estoy muy seguro de lo que cuentas respecto al origen. En mi pueblo mi madre también nos ponía a...
  • Momo: muchas gracias no lo habia pensado
  • dresde: @Momo: “desde las puertas hasta el disco de la ópera “Manidicce””. Creo que la ópera no existe,...

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