26 ago
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural, Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Pues sí, ahora que el tema taurino está tan de moda (sobre todo en Cataluña) he decidido sacar a la luz esta entrada que llevo tiempo rumiando, nunca mejor dicho. Y antes de empezar quiero dejar muy clara mi posición en esta polémica, antes de que se me malinterprete: es una gran tradición de nuestro país (bien, hay que conservarlo), pero se basa en torturar a un animal hasta que se muere (mal, hace tiempo que deberíamos haber acabado con ello). Y entre lo uno y lo otro, para mí, gana lo de no torturar al toro, y aunque entiendo que es un tema difícil de tratar no hay que olvidar que quemar a las “brujas” también era una tradición muy nuestra y también lo dejamos.
El toro Ratón es un pobre animal que vivía tan a gusto en la dehesa hasta que un día empezaron a llevarle a las fiestas de los pueblos valencianos, haciéndole para participar en los bous al carrer (que se traduce por toros a la calle). Hasta donde yo sé, esto incluyendo bellas tradiciones como intentar vacilar al animal en una plaza de toros llena de obstáculos, los “toros embolados” (lo mismo pero poniendo bengalas en los cuernos del toro) y básicamente cualquier tipo de encierro popular y multitudinario.
Desde el principio Ratón demostró ser más inteligente (según unos) y tener más mala uva (según otros) que los demás toros. Como dice su orgulloso ganadero en este artículo de El Mundo, Ratón es el toro más listo que he visto. Ahora que ya no tiene la agilidad de hace unos años, demuestra su inteligencia cada día. Su objetivo es coger y para ello amaga ir a un lado para luego ir hacia el otro, salta determinadas barreras en vez de perder tiempo rodeándolas o se hace el despistado para que los mozos se confíen y cuando tiene la presa cerca, se arranca a por ella. Vaya, que cuando sale a la plaza se lleva a más gente por delante, porque es un toro al que no le gusta que le toquen los huevos colganderos.
Lo curioso es que la gente, en vez de cagarse en el puto toro que cada dos por tres manda a alguien al hospital (jorobando toda la fiesta, normalmente), va y le adora. Hasta el punto de que su caché ha llegado a multiplicar por nueve el de un toro cualquiera y los Ayuntamientos se pelean por llevarle a sus plazas. Tal es la demanda (y tal pastizal le han ofrecido al ganadero, imagino) que aunque el año pasado aseguró que Ratón se retiraba, este año ha vuelto. No sólo ha vuelto, sino que (agarráos los machos) están planteándose clonar al toro Ratón, y además incluso quieren que lo pague el Gobierno catalán, porque el negocio de los ganaderos está muy mal y necesitan una subvención o algo.
Así que a la mierda la investigación para acabar con enfermedades mortales para el hombre, que si para algo sirven el avance de la ciencia y los fondos públicos es para no quedarnos sin un toro que ha mandado al hospital a decenas de personas. Desde el punto de vista económico la cosa es aún mejor: primero 30.000 euros en clonar a una máquina de cornear personas y luego otro pastizal en hospitales para intentar arreglar el resultado de que un toro te llene el cuerpo de cornadas.
En resumen, da la impresión de que a la gente lo que le gusta no es la fiesta, la cultura y la tradición, sino el morbo de pensar que alguno de los presentes va a salir de la plaza con los pies por delante (y la sangre por fuera). Porque digo yo que para la fiesta vale un toro que mate menos, y si me apuras incluso una buena vaquilla puede ser suficiente para pasar un buen rato al estilo tradicional. Es un poco como la Fórmula 1, que la mitad de la gente la pone en la tele por si tiene suerte y ve un accidente.
Y todo esto me hace preguntarme no por la estupidez humana, que queda sobradamente demostrada en el hecho de que un pueblo se gaste el dinero de los impuestos para ver si alguno de los conciudadanos se queda tieso en la plaza, sino por los valores de las masas. La cultura, la tradición o la competitividad no tienen nada que hacer ante el morbo de ver a otros sufrir.
A veces, me alegro de ser un calcetín.
Después de ver nada menos que tres películas de Rambo a lo largo de mi vida, pensaba que este filón cinematográfico estaba ya más que agotado. Sobre todo si contamos con el apunte de la Wikipedia sobre Rambo III, que nos dice que:
Según el Libro Guinness de los Récords (1990) es la película más violenta rodada, con 221 actos violentos y 108 muertes.
Pero la vida te da sorpresas, y a mí me dio una muy grande el día que, para hacer tiempo antes de salir, me fui a casa de un gran amigo a tomar una cerveza y pasar el rato. Mientras hacíamos zapping por todos los canales que ofrece Canal Satélite Digital, que son un huevo y medio, tuvimos la grandísima suerte de encontrarnos con que estaba empezando un peliculón del calibre de John Rambo, que para los matemáticos es sencillamente Rambo IV. Y era lo mejor que echaban.
La verdad es que la peli empieza flojita. Vemos un Rambo viejuno, gordo y con la cara inflada por el bótox en vez de por las hostias (aunque con un brazos que ya quisiera Rafa Nadal), que vive cuasi ermitaño en la frontera entre Birmania (o Mianmar, según el año en que estudiases geografía) y Tailandia y que trata de llevarse bien con todo el mundo. Ni siquiera vive como asesino a sueldo, guardaespaldas o puerta de discoteca, sino que se gana la vida pescando, eso sí, con arco y flechas. Es tan buenazo que llegan unos misioneros de la Iglesia de Cristo de Colorado pidiéndole ayuda y entonces un duro debate con los misioneros sobre las posibilidades reales de alcanzar sus objetivos, dará paso a una catarsis en el excombatiente que le convencerá de prestarles ayuda (Wikipedia). ¡Una catarsis de John Rambo! ¡Y yo pensaba que el filón estaba agotado!
Este principio lleva a pensar que Stallone había recuperado el espíritu de Acorralado (Rambo I), y estaba volviendo a pintarnos un personaje complejo, de una riqueza interior trabajadísima, marcado por el estigma del horror de la guerra. Pero esa sensación se pasa en la primera situación de tensión, con unos militares apuntando a los misioneros mientras John intenta convencerlos de que no pasa nada… y como no lo consigue se los cepilla a todos en tres segundos.
Como John ha cambiado, en vez de seguir con los misioneros y meterse en una guerra en la que no le llaman se vuelve a su choza a tumbarse en su hamaca y seguir viviendo del pescado, no sin antes parar a prenderle fuego con un bidón de gasolina a la barca de los militares que se ha cargado. Y todo es tranquilidad hasta que vienen a buscar a John porque los misioneros han desaparecido y él, tras sopesarlo y forjar su propio machete, se decide a unirse al grupo de mercenarios que van a ir al rescate.
Al principio los mercenarios se ríen un poco de él, por eso de que está viejuno. Pero pronto presencian una cruenta escena. Grupos de la guerrilla juegan con prisioneros haciéndolos correr por los campos en los que han arrojado minas. El grupo no quiere mezclarse en aquello y decide alejarse. Pero antes de tener tiempo de moverse aparece Rambo que en un momento mata a los guerrilleros con las precisas flechas que dispara con su arco. El grupo queda impresionado ante la actuación de Rambo y éste, les deja bien claro que no van a ir sin él (Wikipedia).
A partir de este momento la película es un desfile de escenas gore que van desde una amputación básica hasta el más horrible de los destripamientos, pasando por cualquier cosa que se le puede hacer a un cuerpo humano de forma que cruja y salpique. Como ejemplifica la Wikipedia, en un momento Rambo le entierra los dedos en el cuello y con sus uñas tira hasta destrozárselo, matándolo prácticamente al instante a un tío que quería violentar (así viene) a la chica de la película.
El único momento en que la película de verdad baja de calidad es cuando Rambo hace estallar una especie de bomba atómica en mitad de la jungla. Y no pierde por el guión o por la actuación, sino porque los efectos especiales no están a la altura del drama que se está viviendo. Al verlo, supuse que alguien había calculado mal y se habían gastado demasiado en sangre de mentirijillas o, qué demonios, en guionistas.
Pero no, no se habían gastado demasiado ni en sangre ni en guionistas, porque aún quedaba la escena final. Esa escena que no te esperas porque ya ha muerto el equivalente a toda la población de Birmania, pero es que aún quedan unos cuantos militares cabrones, liderados por el más cabrón de todos que es el jefe y que, además de cabrón, es mariquita. Esa escena en la que todo parece perdido cuando Rambo aparece de la nada y decapita a uno de los guerrilleros con su machete para acto seguido hacerse con los controles de la ametralladora e iniciar un baño de sangre y salvar la situación (Wikipedia).
Pero lo mejor de todo es que después de este peliculón vimos Hot Shots 2. Sí, esa que es una parodia de Rambo. Qué gran noche.
10 jul
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural, Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Si os acordáis, cuando estaba en Canadá fui a ver el ballet de Peter Pan y, arriesgando mi hombría, ya dije que aquello me había gustado. Lo que no os he contado es que desde entonces he ido al ballet dos veces más, las dos en Madrid y las dos para ver la misma obra: El lago de los cisnes.
Lo primero de todo, un poco de culturilla. El lago de los cisnes es uno de los ballets más conocidos, y fue compuesto por Tchaikovsky para el ballet Kirov, que lo representó por primera vez en el Teatro Bolshoi en 1877. Y además seguro que todos conocéis la música, incluso si no sabéis de dónde viene.
Bien, el caso es que las dos veces que he ido a ver El lago de los cisnes he salido un poco decepcionado. La primera vez la gran amante del ballet Karol, sentada a mi lado, iba desgranando las diversas imperfecciones de la representación, usando palabras raras que todavía hoy sigo sin saber del todo lo que significan y metiéndose con los bailarines.
La segunda vez se trataba de un teatro de más enjundia y en la Gran Vía, con una compañía que prometía un mejor espectáculo. Y la verdad es que en cuanto a escenarios y vestuario le daban mil vueltas, y yo pensaba que, excepto un chino que cuando estaba de pie parecía estar esperando el autobús en Callao, los artistas también.
Pero no. Después de que una bailarina diese sobre sí misma un montón de vueltas y yo dijese en bajito “hala, qué buena” la novia de mi cacho-carne nos volvió a instruir: “no, tenía que haber dado 35 vueltas y ha dado 29. Además, no debía haberse ido moviendo hacia delante”. Y luego Karol, que por casualidades de la vida estaba en el mismo teatro, confirmó no sólo este dato, sino que desveló otras carencias de la representación. Mi gozo en un pozo, yo que pensaba que había merecido la pena perderse la semifinal del mundial Holanda-Urugay y luego veo en YouTube cómo debería haber sido…
Pero pensándolo fríamente he caído en por qué El lago de los cines, por bien reprensentado que esté, nunca me gustará tanto como aquel Peter Pan: la historia es un muermo. Para ser exactos, la historia se hace un muermo al durar la obra dos horas, porque el libreto ocupa media página y claro, no da.
¿La diferencia? Pues que mientras en Peter Pan la gente baila “para algo” en El lago de los cisnes te plantan veinte minutos de saltitos en mallas con la apasionante historia de “están en una fiesta”. Y es raro cuando la historia incluye magos, encantamientos, personas convertidas en animales, engaños, peleas (aunque sea su versión balletística, que hasta aparece una ballesta) y, leyendo entre líneas, relaciones sexuales bien entre dos personas o bien entre una persona y un cisne (y, considerando la segunda opción, mejor que sea la versión balletística).
Por decirlo finamente, El Lago de los cisnes es como una película de Garci. El ballet no me disgusta, pero necesito una historia interesante detrás. Y sobre todo necesito que en el público no haya tantísmo gañán, abriendo latas de refrescos y haciendo fotos con flash durante la representación.
01 jun
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural, Xavi around the World
Hace dos años ya le dediqué una entrada a la Semana Santa, hablando de cómo viví las celebraciones religiosas desde Holanda. Pues este año unos amigos canadienses venían a pasar aquí unos días, y nos tocó (a mí, a mi cacho-carne y a su novia, que parecemos el hostal oficial de la embajada canadiense en Madrid) organizar algo que aunase cultura, relax y tradición española… ¡Y vive Dios que lo conseguimos!
Lo primero de todo decidimos a ir a cenar de tapas, que es algo que aúna cultura, relax y tradición española como pocas cosas. El problema es que una petición de mano se interpuso en el camino (tranquila abuela que no te oculto nada) y tuvimos que buscar un restaurante acorde a la circunstancia. Por alguna razón que no entiendo acabamos en Tribunal, que es una zona de Madrid que yo relaciono automáticamente con minis de calimocho y gente meando en las esquinas… pero reconozco que el restaurante resultó perfecto y no le quitó nada de glamour al momento.
Como las tapas habían quedado pendientes, nos fuimos al día siguiente. Pero claro, un anillo lleno de brillantes no se puede lucir en cualquier tasca guarra, así que esta vez optamos por ir a de tapas “de alto standing”. Eso se traduce en que nos fuimos al Mercado de San Miguel que, aunque más caro que un bar cualquiera, tiene ostras, jamón (que no falte), caracoles y un queso de Portugal parecido a la Torta del Casar que quita el hipo.
Así nos plantamos en el Jueves Santo, con todo preparado para salir de viaje. ¿Dónde? Pues al sur, a la playa de Málaga y Torremolinos, que es lo que se hace en España. ¿Cómo? Pues en coche, como se ha hecho toda la vida. ¿Por qué? Pues porque es como se ha hecho siempre, y así ofreces a las visitas una de las más bellas tradiciones de la cultura hispana: parar a comerse un bocata en Despeñaperros (y porque no pude hacer croquetas, ojo).
Tras explicar que no sé a qué se debe el nombre del lugar pero que efectivamente debe de venir de una bella tradición española de mal recuerdo para los canes, seguimos nuestra ruta admirando tanto el propio Despeñaperros como los increíbles e inacabables campos de olivos en Jaén, momento que aproveché para recordar a los norteamericanos que el aceite de oliva tan rico que les venden los italianos se hace en realidad aquí. Nunca está de más meterle una colleja a los italianos con este asunto.
Por fin, y después de señalarles lo alto de Sierra Nevada, llegamos a Málaga, una ciudad en plena ebullición por algo que nuestras visitas desconocían: las procesiones de Semana Santa. No es sólo que no tenga nada que ver con el chocolate de su Eastern y que parezcan manifestaciones del Klu Klux Klan (a los ojos de un guiri desconocedor de nuestra tradición, no se me altere nadie)… es que encima toda la ciudad se vuelve loca, se bloquean todas las calles y la gente llora al ver pasar una tras otra las imágenes de Cristos y Vírgenes rodeadas de soldados romanos. Para rematar, tuvimos la suerte de que por debajo del balcón de nuestra habitación en el hostal pasaron dos procesiones, una por la tarde y otra bien entrada la noche.
Siguiendo con lo antiguo y cultural, también visitamos la Alcazaba, y por si todo eso había sido poco en el viaje de vuelta paramos en Córdoba para disfrutar del salmorejo y visitar la Mezquita. Estaréis de acuerdo en que el chapuzón en la tradición española fue completo.
Pero no todo iba a ser tan cultural, porque el paso por Andalucía permite al viajero disfrutar de otras tradiciones más relajantes como son el pescaíto frito y la playa. Sol, calor y comida deliciosa al lado del mar como nunca ha vivido un canadiense, con el excelente detalle de los chiringuitos vendiendo cerveza para refrescarte.
Además, para los guiris varones hay una ventaja añadida, y es que no están acostumbrados a ver tanta moza en top-less sin tener que pagar. El resultado se parece bastante a una versión actualizada de Pajares y Ozores de vacaciones en Suecia.
Pero no habría sido un viaje tan completo en cuanto a tradiciones sin la guinda del pastel: atasco en la nacional. De esos que te pillan por Castilla, con el sol dando de pleno y parones en los que te puedes bajar tranquilamente a coger comida del maletero. Jo, qué viaje más bien montado.
18 abr
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín errante: un Erasmus en La Haya, Estudio socioantropológico de la humanidad en general
El váter tradicional holandés es muy distinto del váter mediterráneo, como bien saben todos aquellos que me visitaron mientras estaba de Erasmus en La Haya. Mientras aquí optamos más por la evolución del modelo de agujero en el suelo, los holandeses han desarrollado un váter distinto, que yo califico de váter-bandeja. En la imagen y el gráfico adjunto podéis ver a qué me refiero.
Este modelo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Empezaré por los inconvenientes, que es lo primero que uno nota cuando se va a vivir a Holanda y se encuentra con esto, y que creo que se pueden resumir en dos:
Pero tras vivir allí durante un año entero, uno descubre las ventajas de este sistema, que las tiene y si te sobrepones a la primera semana, descubres:
Lo curioso es que, a través de diversas conversaciones, puedo asegurar que la mayor parte de la gente que ha vivido allí echa de menos el váter holandés. También puedo asegurar que la mayor parte de la gente mira antes de tirar de la cadena, por cierto. Si es que no se me puede contar nada.
24 mar
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural
El fin de semana pasado mi cacho carne nos llevó a mí y a su novia a La Guerra de las Galaxias en Concierto, un espectáculo que combina el frikismo de creerse un Jedi y con el no menor frikismo de disfrutar con la música orquestal sinfónica.
La verdad es que está muy bien pensado. El narrador, Anthony Daniels (el hombre dentro de C-3PO, único actor que participa en las seis películas de la saga), va contando la historia de La Guerra de las Galaxias de forma lineal: empezamos en el Episodio 1 y cómo Anakin se convierte en Darth Vader, y acabamos con el famoso “Luke, yo soy tu padre”. La narración sirve de pequeña introducción a los temas que la orquesta interpreta, y que se acompañan de imágenes de las películas (y del propio concierto, para que veas a los músicos de cerquita) en una pantalla gigante.
Cosas que me molaron
Por supuesto, la música me encanto. Pero eso no es una sorpresa, porque John Williams es el amo de la barraca en lo que a música orquestal contemporánea se refiere, así que muy malos tienen que ser el director de orquesta y los músicos para que yo no me lo pase como un enano. Pero hubo otros detalles que agradecí…
Todos sabemos ya que cuando se entra a un espectáculo deportivo te quitan las botellas de agua y esas cosas con las que puedes provocar lesiones a la gente. Como el concierto se celebraba en el Palacio de los Deportes aplicaron la misma política, pero dejando claro que los frikis somos gente de bien: no se podía entrar con una botella de plástico pero sí con un sable de luz… ¿dejarían a un ultra entrar a un partido de fútbol con un tubo fluorescente de metro y medio de largo?
Además, una gran parte del público llevaba camisetas frikis estupendas. Desde la de mi cacho carne (Darth Vader podando un seto con forma de la Estrella de la Muerte) hasta la camiseta más friki que he visto nunca (“Vectors vs. Bitmaps”) el desfile no tenía ningún desperdicio.
Centrándonos en el espectáculo, Anthony Daniels, a.k.a. C-3PO, es un tío bastante salao. Y además habla un inglés perfectamente comprensible aunque no tengas ni papa. Eso siempre se agradece, porque así no tienes que estar pendiente de subtítulos ni te pierdes la historia…. Que sí, que ya te la sabes, pero nunca está de más repasar.
Y también disfruté como un loco con los juegos de luces, que estaban muy trabajados. Incluso con los focos blancos ultra potentes que de vez en cuando cegaban al público… y también con el momento en que los rayos verdes estuvieron a punto de provocarme un ataque epiléptico. No me importaba sufrir, porque cuando las cosas molas dan igual las consecuencias físicas (como dicen en Las Barranquillas).
Cosas que no me molaron tanto
El montaje de los vídeos dejaba bastante que desear. Si se cuenta la historia de forma lineal, habrá que montar los vídeos con la misma idea, y no coger escenas de las pelis según venga en gana. Y, en cualquier caso, teniendo más de 10 horas de metraje ya podían haberse ahorrado repetir imágenes, digo yo.
Pero mi mayor crítica va para el público. No para los frikis vestidos de Jedi, a quienes admiro y envidio por tener sables de luz en casa. Ni para los frikis obesos con perilla gritando eufóricos al sonar los primeros acordes de la Marcha Imperial. Va para todos aquellos que no saben diferenciar un concierto de heavy metal en la plaza de su pueblo con una orquesta sinfónica. No, no había que ponerse el chaqué, pero de ahí a estar comiendo palomitas de maíz y bebiendo minis de cerveza hay un trecho. Ojo, que para la organización también hay: esto no pasaría si no se vendiesen palomitas en estos conciertos y, sobre todo, si no hubiese una legión de gente paseándose por las gradas con mochilas de cerveza. Y esto hay que pararlo para no acabar dejando a la gente ir al concierto en calzoncillos y eructar en vez de aplaudir. Protejamos un poquito la cultura, por favor…
Volviendo a arremeter por el público, y aunque no defenderé yo a los perros ladrones de la SGAE, no le veo sentido a estar durante TODO el concierto grabando vídeo y haciendo fotos. En primer lugar porque entonces tú no lo disfrutas, que estás pendiente de la camarita. En segundo lugar, y muchísimo más importante, porque yo no lo disfruto porque los sonidos, lucecitas y flashes de tu camarita me están dando por saco. Y en tercer lugar porque a quien quiera que se lo vayas a enseñar no va a disfrutar dos horas de vídeo mal grabado o 250 fotos oscuras en las que, con suerte, se ve un fotograma de La Guerra de las Galaxias.
19 mar
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural, El lado friki del calcetín: el ordenador y la internet, Gafapastismo y crítica social
El Consejo de Ministros aprobará hoy viernes en Sevilla – en pleno puente de San José – ese engendro llamado “Ley de Economía Sostenible”, que incluye la conocida como “Ley Sinde”, que permitirá el cierre de páginas web en sólo cuatro días. Me sumo a los blogs que republican hoy el manifiesto conjunto del pasado mes de diciembre. Es la primera vez en este blog que se repite una entrada, pero la extrema gravedad del tema lo merece. Si tienes página en la red, si publicaste en su momento el manifiesto, si la red es para ti algo importante; te invito a hacer lo mismo:
Ante la inclusión en el Proyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
18 mar
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Ahora que eres guay y tienes un Mac..., Gafapastismo y crítica social
Hace mucho que no comento nada sobre mi querido Maquito. Supongo que es porque, en términos generales, estoy bastante contento con el ordenador: funciona muy bien, no da problemas… vaya, que no tengo nada gracioso que contar como formateos o autodestrucciones del sistema.
El problema es que de vez en cuando la gente de Steve Jobs me demuestra que tengo toda la razón cada vez que me quejo de que Apple vive de los pijos alternativos y gafapastas que adoran gastarse dinero sin necesidad. La última la he tenido al intentar comprar el cable para poder enchufar el portátil a la tele.
Resulta que el MacBook Pro no tiene ninguna salida de video integrada (VGA, HDMI…) y no puedes sacar la pantalla ni por los USB ni por el Firewire. Lo que tiene es una entrada en la que tienes que enchufar un adaptador para el cable que quieras usar. Eso incluso me parecee una buena idea, porque así no estás “atado” a un tipo de cable sino que puedes usar cualquiera comprando simplemente el adaptador adecuado. Pero el momento en que te sientes totalmente apuñalado por la espalda es cuando descubres que el adaptador cuesta 20€ para VGA y 30€ para HDMI, a lo que obviamente tienes que sumar el coste del cable que, en el caso del HDMI, es otro buen palo.
Podían haber integrado, por ejemplo, HDMI y crear el adaptador sólo para VGA, con lo que ya te ahorrarías 20€. Podían vender los adaptadores a 5€, y no estaría mal. Pero la forma en que Apple ha integrado la opción de utilizar una pantalla externa en el MacBook es, simple y llanamente, un robo. O, como prefieren llamarlo en Europa, un abuso de posición dominante.
Me parece totalmente inmoral que en un momento en que puedes comprar una televisión con TODOS los formatos de entrada disponibles (la mía tiene VGA, euroconector, video compuesto, USB, HDMI, antena y dos más que desconozco) la gente de Apple intente exprimir a sus usuarios 50 euros más cuando ya está cobrando una suma exageradamente alta por unos ordenadores que no valen lo que piden por ellos: ¿No tienen suficiente con los 1.300€ de ordenador y los 350€ del “Applecare” (el seguro por si se rompe)? ¿Y que el ratón más barato en la Apple Store cueste 40€*?
Muchas veces la política empresarial de Apple, su filosofía y su forma de tratar a los usuarios me parece totalmente aborrecible, recordándome a la descripción que hace Naomi Klein sobre Nike en No Logo. Y no es la primera vez que comparo estas dos marcas. Un punto para Windows, el software libre, el plug&play y todos aquellos que no intentan aprovecharse de la gente.
*¡Atención Steve Jobs! Mi ratón Logitech de 6€ funciona perfectamente en tus ordenadores.
09 mar
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
La moda de las pelis sobre comics parece no tener fin. Por eso unos cuantos visionarios del mundo del cine pensaron que no podían vivir toda la vida de Spiderman y X-men y empezaron a hacer pelis de comics menos conocidos pero muy molones como Sin City o 300. Verdaderos peliculones con estética de cómic, fieles a unos argumentos diferentes a lo habitual y a una estética sin termino medio: o te encanta o te horroriza. Pues bien, creo que cuando se propusieron hacer Wanted pensaban en subirse a ese carro de pelis supermolonas. Aunque no acostumbro a hacerlo, esta vez voy a contaros el argumento de la peli tal cual es…
Un tío que es un pringado se entera de la noche a la mañana de que es el hijo del superasesino más grande de nuestro tiempo, que acaba de morir en una azotea a la que ha saltado desde el edificio de enfrente atravesando un cristal para cargarse a varios francotiradores que intentaban cepillársele pero que en realidad eran un señuelo para que el auténtico asesino, que estaba cómodamente sentado en un sillón de su casa a varios kilómetros con un superrifle, le pegase el tiro perfecto.
Desde ese momento la vida de Wesley Gibson, el pringado, cambia radicalmente, porque la fraternidad de asesinos de la que su padre formaba parte decide protegerle del asesino a la vez que entrenarle para que sea él quien le dé caza y vengue a su padre. Además es el único que puede porque, como su padre, tiene la capacidad de hacer que su corazón lata a 400 pulsaciones por minuto suministrando más adrenalina a su cuerpo, lo que le permite reaccionar más rápido y conseguir cosas como quitarle las alas a una mosca disparando con una pistola.
Durante su entrenamiento Wesley aprende no sólo a controlar su poder, sino que también se estudia todos los asesinatos del asesino de su padre para poder superarle y aprende lucha cuerpo a cuerpo, a darse unos baños de cera que hacen que las heridas (tipo narices rotas, cuchilladas y balazos) se curen de un día para otro, a disparar balas con efecto y a interpretar el Telar del Destino, que es el telar que rige la vida de la fraternidad al escribir en la tela en un complejo código de hilos entrelazados los nombres de las personas a las que los asesinos deben ir matando.
Al final, y esto no es jorobarle la peli a nadie porque no hay forma de jorobarla, resulta que Wesley no ha estado persiguiendo al asesino de su padre, sino que la fraternidad le ha engañado y a quien en realidad está intentando matar es ¡a su propio padre! Resulta que el señor Gibson descubrió que el jefe de la fraternidad 8Morgan Freeman) no estaba haciendo caso al Telar sino haciendo que los asesinos matasen a quien a él le apetecía. Como eso no se puede permitir, el señor Gibson le plantó cara y empezó a cargarse a los asesinos de la fraternidad, y por eso el jefazo decidió ir a por Wesley para tenerle controlado.
Cuando Wesley descubre todo el tinglado decide cargarse la fraternidad, para lo que utiliza ratas explosivas y acaba contando con la ayuda de una de las asesinas de la fraternidad (Angelina Jollie, flipa), que consigue que una bala describa un círculo perfecto atravesando la cabeza de varios de los asesinos. Al jefazo de la fraternidad se lo carga haciendo un disparo desde el sillón de su casa, a varios kilómetros, imitando el disparo que al principio de la peli se suponía que mataba a su padre pero que en realidad era obra del propio señor Gibson.
Y aun así, yo viendo la peli me lo pasé genial. Es peor que pegarle a un padre, pero si te la tomas a coña y la ves con unos amigos te ríes mucho. Como la comida basura: si tienes en mente lo mala que es puedes disfrutarla. Aquí tenéis el trailer para que entendáis de lo que hablo.
02 mar
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural
Una de las cosas que tiene vivir con una canadiense es que cuando hay Olimpiadas de Invierno en casa no se ve otra cosa, sobre todo si se celebran en Vancouver, que aunque está a miles de kilómetros de Montreal sigue siendo Canadá. Así es como un buen día que mi cacho-carne tenía amigos en casa acabamos todos viendo un partido de curling, pese a que también había Champions League.
Y resulta que el curling mola un huevo. Igual que un día descubrí de repente la genialidad del backgammon (un día os cuento la historia…) de repente me encontré a mí mismo gritando maravillado por la excelente jugada de Canadá en el final del desempate contra Noruega en la primera ronda. Lo que a la vista parece una mezcla de bolos y petanca con gente que barre el hielo de la pista es en realidad un juego lleno de estrategia que además requiere aptitud física.
Pero ¿quién demonios entiende el curling? Pues yo, y os voy a explicar todo lo necesario para entender este deporte de origen Escocés. Como curiosidad, sólo existe una fábrica de piedras de curling en todo el mundo, y está en Escocia.
Para empezar, vamos a explicar el terreno de juego: es una pista de hielo de 45 metros con una diana grande pintada al final, denominada “house” (casa) y cuyo centro se llama button (botón). La base del hielo es lisa, pero luego se echa agua rollo spray para que queden gotitas por encima… vaya, que el hielo no es liso sino “de grano fino”.
Ahora, el objetivo: se trata de que tus piedras sean las más cercanas al centro de la diana. Vaya, como cualquier juego de estos.
La puntuación (ojo que viene una frase complicada): el equipo que tenga la piedra más cercana al button gana un punto por cada piedra que esté más cerca del button que la piedra más cercana del otro equipo. Cada equipo lanza 8 piedras en cada “end”, y se juegan 10 “ends”. Si al final de los 10 “ends” los dos equipos están empatados se juega un “end” de desempate, y si no consiguen deshacer el empate se siguen jugando “ends” hasta que alguien gana. Suena a tostón pero es realmente apasionante, en serio, todo es estrategia para decidir con tu última piedra del “end”… ¡creedme!

En este caso, los azules ganan un punto, pero si no estuviese la piedra azul del centro serían los amarillos los que se llevarían dos puntos.
Ahora vamos a explicar a los jugadores, llamados “curlers”. Hay tres posiciones y cuatro jugadores por equipo: al que le toca tirar la piedra, el que dice al de la piedra dónde tiene que tirar y dos que van barriendo. Todos ellos visten igual, y todos llevan un zapato que desliza en el hielo y otro que no, por lo que parece que andan como patos borrachos.

También conocido como “el calvo de Canadá, Kevin Martin es el amo del Curling. Grandísimo estratega y tío con puntería.
Si alguien quiere más información, hay un muy buen artículo de curling en la Wikipedia (en inglés, el español es un poco caca). Ahora que alguien se ha tomado la molestia de explicároslo (con gran ayuda del cacho-carne Hugle Earth), espero que le deis una oportunidad.