05 Feb
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural
Sí, en mi oponión Avatar es una película normalita. El guión presenta una historia que no es original y tampoco le da una nueva vuelta de tuerca. Los diálogos no son espectaculares, no hay ningún personaje para el recuerdo y la música es muy flojita para una super-producción de este nivel. Falla incluso el discuro militar de Jake Sully, que si William Wallace se pinta de azul los Na’vi acaban la peli dominando la galaxia. Y sin embargo creo que es una película que va a pasar a la historia, y para bien, porque es imprescindible ir a verla y descubrir lo que es el cine en 3D del futuro.
Como he dicho, la historia no es nueva ni mucho menos, sino que ya la echaban cuando el cine se llamaba “sombras chinescas en una pared de la cueva”. Imagino que todos hemos visto el guión de Pocahontas corregido que rula por Facebook y por los e-mails, y hace tiempo que todos vimos Bailando con Lobos. La única diferencia es que esta vez la historia está hecha para un público friki, porque si algo hay que reconocerle a James Cameron es que sabe dónde está el dinero y esta era la forma de batir su propio récord, el de Titanic.
Pero al público friki no le vale con que Pocahontas esté buena o, en su defecto, sea un alien azul. Lo que James ha hecho es contar una historia de toda la vida como nunca nadie lo había echo antes: en 3D y gastándose todo lo necesario en conseguir una película visualmente perfecta. Y es por esto por lo que se hace imprescindible ir a ver Avatar, consciente de que uno va a disfrutar de un espectáculo visual increíble y no de una película interesante. Como dice el grandísimo director español Juanjo Ramirez en su blog, parece más una película dirigida a los niños, que se quedan (nos quedamos) embobados con la espectacularidad de la peli, el 3D y los colores brillantes.
Todo esto me hace pensar que quizá lo flojo del guión y lo reiterativo de la historia no sea un defecto, ni algo en lo que James no pensó. Porque si la trama del guión requiriese prestarle alguna atención no podrías quedarte embobado mirando una medusilla que flota en una esquina de la pantalla, o juguetear a abrir y cerrar un ojo para ver qué pasa con el 3D, o simplemente flipar con los pilotos de las naves que tienen en frente los paneles de control tipo Minority Report. Tendrías que estar atento a lo que dice la gente o tener que leerte los subtítulos, y entonces la peli no tendría sentido.
Y es que ese es un tema del que estuvimos hablando al salir del cine. Ya no tiene mucho sentido pagar 8 euros para ver una peli en 2D si por 9,50 (sí, pequeños, viva el descuento a gente que ha conservado su carnet de universitario) puedes verla en 3D que es la leche. Pero al mismo tiempo, una peli de Garci en 3D no deja de ser un muermazo con profundidad y volumen, así que parece claro que hay que saber escoger qué pelis ir a ver en un cine 3D y esperar a cosas como Avatar, hechas por y para aprovecharlo.
20 Ene
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Como ya comenté al hablar de Barcelona, unas de las grandes sorpresas que me llevé en aquel viaje fue el descubrimiento de Happy Pills, una tienda de caramelos y golosinas que no está pensada para patuquillos sino para calcetines mayores que cada vez que entran a por sus dosis de azúcar a las tiendas “de chuches” se sienten viejos porque todo son colores brillantes y niños sonrientes… y porque todo está a medio metro del suelo y hay que agacharse. Por eso el descubrimiento de Happy Pills en Barcelona y el anuncio de que abrirán en Madrid pronto me hace sumamente feliz.
La gracia es que toda la tienda (unos 9 m2, vaya) está ambientada como una farmacia y el logo es una cruz rosa (supongo que por temas de copyright no podía ser roja, que luego viene la SGAE y te pega un palo mientras González-Sinde te cierra la Web). Pero lo que de verdad mola es la forma en que compras las golosinas. Porque sí, puedes ir a una tienda cualquiera, coger una bolsa de plástico transparente, llenarla de lo que quieras, pesarla e irte tan contento a tu casa con tu botín (u otro banquero de tu elección); o puedes ir a Happy Pills, comprar un bote que imita a los de las medicinas (o un pastillero como el que usa tu abuela, depende de lo que entiendas por molón), llenarlo hasta arriba de todo lo que quieras, ponerle una prescripción del tipo “contra los lunes” o “contra los típicos souvenirs de Barcelona” y salir de la tienda molando tanto como House y este calcetín.
Además, si eres vago o no tienes tiempo para escoger las gominolas de forma que de verdad parezca una prescripción médica (hay que jugar con los colores y las formas, sin olvidar lo que te gusta zamparte) tienen unos paquetes ya preparados, más grandes y que vienen en una caja con una explicación más larga de la dolencia y el contenido del medicamento.
Y sí, si quieres puedes llevarte las gominolas en una bolsa de plástico, pero coge otra bolsa para llevarte también todo mi desprecio.
Como en su día no me quejé en el trabajo de que me hiciesen irme de viaje/paliza el día del cumpleaños de mi cacho-carne, alguien pensó que tampoco iba a protestar si me jorobaban el puente de noviembre mandándonos a Helsinki. La verdad es que me quejé un para asegurarme de que no me van a robar también la Navidad, pero bien que hice la maleta y me fui para Finlandia… así que por mantenerme fiel a la verdad y conservar el trabajo reconoceré que de nuevo hemos sacado todo el partido al viaje.
No sólo eso, sino que además puedo decir que la profesionalidad va en aumento y en Helsinki me vi a mí mismo planchándome una camisa en el hotel antes de ir a hacer una entrevista. Porque, queridos amigos, ese es el último lujo en los hoteles de lujo: poder plancharte la ropa. La verdad es que no me sorprende tanto cuando otro de los lujos que se permite la gente rica es pagar para que alguien les llame por teléfono a las seis de la mañana para despertarles. ¿No será el lujo que nadie te despierte? ¿De verdad prefieres pagar y que alguien oiga tu voz pastosa de estar dormido en vez de ponerte la alarmita del móvil?
En cualquier caso, si el hotel en el que estuve en Atenas era el más lujoso en el que nunca he estado, tengo que reconocer que los hoteles Hilton me han gustado mucho, porque no llegan a tal punto de lujo pero están muy bien pensados y te ayudan a entender cómo vive la gente rica. Por ejemplo, no hay escobilla del váter. O es tan lujosa que alguien al ha robado antes que yo, que no lo descarto. El caso es que no me imagino a Paris Hilton, que para eso estos hoteles son cono su casa, bajando a recepción y diciendo “mire, es que he dejado el váter lleno de zurraspas y me gustaría limpiarlas, pero no hay escobilla.” Yo tampoco lo hice, en gran parte porque además descubrí que esa puede ser una de las utilidades de la misteriosa manguera que ponen al lado de los váteres en Finlandia y que mis amigos de El Finterrete, de Erasmus en Helsinki, ya analizaron hace un tiempo.
El otro gran lujo del hotel, aparte de unas camas realmente cómodas, es el suelo del baño. Como bien sabemos todos, las habitaciones de los hoteles suelen estar enmoquetadas porque resulta muy acogedor, y el problema es que si enmoquetas el baño no tardas en tener una plantación de hongos considerable por la humedad y el calor. Eso normalmente implica que el suelo del baño está sumamente frío, y lo que han hecho en los Hilton es meterle un sistema de calefacción por debajo. Una idea simple pero sencillamente genial.
Además, los hoteles Hilton mantienen viva la sana tradición de poner en un cajón de la mesilla la Biblia… aunque no me imagino a Paris Hilton leyéndose la Biblia. Claro, que tampoco me la imagino leyéndose las revistas de la mesita o el folleto del desayuno, por mucho que te diga que van a ponerte tarjetas de colores en la comida por si quieres un desayuno energético, Light o lleno de fibra (ojo con la fibra, que ya he dicho que no hay escobillas). La verdad es que a la hora de la verdad yo no me fijé las tarjetita de colores sino que me comí todo lo que pillé cada mañana, con especial ansia el salmón ahumado y con especial desagrado al llevarme a la boca algo que sólo puedo describir como boquerones en vinagre. Para desayunar con el café y los cereales. Pero tampoco me voy a quejar de la comida, porque como he dicho en el desayuno me ponía tibio, durante las conferencias siempre había bocatillas, fruta, cafés, refrescos y demás, en las comidas nos cuidaron bien (aunque, para futuras organizaciones, recomiendo no planificar comer sushi en un autobús en marcha) y las cenas…. ahora voy con las cenas.
La primera fue la de bienvenida, en un salón privado del hotel y con unos platos que, pasando por alto el feo detalle de no darnos comida tradicional finesa, estaban muy buenos. Pero es que la segunda noche nos llevaron a un restaurante “privado”, que sigo sin saber lo que significa pero os lo voy a describir. Para empezar, está en la azotea de un edificio en el centro de la ciudad, y para llegar tienes que coger el típico ascensor de edificio de oficinas que tiene un directorio… pero en el directorio no pone qué hay en la última planta. Cuando llegas, el ascensor se abre directamente dentro del restaurante y hay unos camareros esperándote con una copa de champán y un ropero para guardar la chaqueta. Después a nosotros nos subieron a la azotea en sí (que en invierno es cerrada y en verano abierta) desde la que puedes ver los tejados de toda la ciudad mientras cenas un menú de cocina fusión finesa-japonesa, cada plato acompañado por su vino correspondiente. Todo esto sin que haya nadie más en todo el restaurante, todo decorado con un exquisito gusto con un diseño moderno basado en el color negro, iluminado con luces tenues o velas y un servicio atento y simpático sin resultar en absoluto empalagoso o cargante. El sitio se llama Black, al parecer uno de sus dueños es la mujer de Raikonnen y es uno de los clubs más exclusivos de Finlandia. Vamos, un sitio tan pijo que se han pensando hasta el más mínimo detalle del baño, que tiene una percha para colgar la chaqueta (pero no digo un gancho en la pared, digo una percha de verdad) y, atención, papel Higiénico negro para no romper con el estilo.

Sinceramente, espero que nadie estuviese fuera y oyese el ruidito del móvil al hacer fotos dentro del váter… no se si sería peor dejarlo a su imaginación o explicarle que estaba haciendo fotos del papel higiénico.
Bueno, hora que ya he dejado de recrearme en el lujo en el que estuve viviendo tres días puedo contar algo sobre Helsinki. Sinceramente, es una ciudad preciosa en la que cualquiera podría vivir si no fuese por el frío tremendo que hace, al que yo me adapté bien gracias a la experiencia del invierno en Canadá, que es mucho más frío que esta parte de Finlandia. Como tantas otras veces, he visto como el mero hecho de tener el mar, ríos o canales hace que una ciudad gane muchísimos puntos en la escala de molonismo y habitabilidad. Yo aproveché desde el primer minuto para patear Helsinki, y además conté con la ayuda de un gran amigo, Álvaro, co-autor de El Finterrete, que me supo llevar a los sitios más chulos que cierran los lunes (el museo de arte contemporáneo, una iglesia que tienen hecha en la roca…), así como al estupendo mercado en el que pude comprar carne de reno y de oso (lo que posiblemente sea ilegal en muchísimos países).
También me llevó en los tranvías, donde por cierto bien puedes descubrir que el conductor es un chaval de Alcorcón, y si no hubiese sido por Álvaro nunca habría ido a Suomelinna, una islita estupenda a diez minutos de Helsinki (de hecho el barco se paga con el propio billete de autobús) que fue uno de los bastiones de la defensa de la ciudad en las guerras entre suecos y rusos. Si el periodista alemán que se vino conmigo hubiese sabido cómo hacer fotos veríais un reportaje fotográfico estupendo, pero el pobre era un negado para la tecnología digital.
Y esto es lo que dio de sí el viaje de trabajo a Helsinki, sin duda hasta la fecha el mejor organizado en el que he tenido la suerte de estar. El próximo ya tiene destino: Zeist, en Holanda.
28 Dic
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural
Que me gusta Tarantino (eh… sus pelis) es algo bien sabido por todos los que me conocen. Incluso por gente que no me conoce de nada pero lleva tiempo leyendo este blog. Para todos ellos, aquí está mi comentario sobre Inglorious Bastards, el último regalo al mundo de Quentin y un peliculón como la copa de un pino.
La peli cuenta la historia de un grupo especial del ejército estadounidense destinado a Europa para cargarse a cuantos nazis puedan. La gracia es que todos los del grupo son judíos y tienen mucho (pero que mucho) resquemor a los nazis, y eso es lo que le da pie a Quentin para meter sus conocidas escenas sangrientas y desagradables que a gente con problemas mentales como yo nos gustan tanto cuando las hace él.
Básicamente este es el argumento de la peli, al que se añaden un trauma infantil y un plan para acabar con la jerarquía fascista al completo. Lo que convierte la peli en un peliculón es, aparte de que el guión resulta mucho más maduro que otros de Quentin, lo bien construidos que están los personajes. De la cabeza a los pies cada uno de ellos está trabajado a la perfección, desde la forma de andar hasta cómo reaccionan a cada situación. Y sobre todo se hace imprescindible ver la peli en versión original, ya que una gran parte de la caracterización se consigue a través de los idiomas que habla cada personaje. De hecho, nunca me ha gustado tanto Brad Pitt como al oír el buon giorno del teniente Aldo Raine. Esa escena sería mi favorita si Quentin no se hubiese currado la de la taberna llena de alemanes, donde sale a la luz el mejor Tarantino dirigiendo unos minutos de tensión interminable que terminan de la única manera que podían terminar.
Lo único que me sorprende es que siendo una película de Tarantino no tenga nada que decir sobre la banda sonora. Normalmente es una de las cosas que más destacan en sus películas, y en cambio ahora mismo no soy capaz de recordar ningún tema de Inglorious Bastards. Seguramente eso significa que yo le exijo ya mucho a Quentin, y que la música se integra perfectamente en la peli pero no resulta memorable como el baile de Pulp Fiction ni te taladra la cabeza de por vida como el silbidito de Kill Bill.
Como dijo Aldo Raine: ¡Arrivederci!
20 Dic
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: El calcetín cultural
Jorge Salán es sin duda un guitarrista excepcional. Tanto su carrera en solitario como su paso por Mägo de Oz demuestran una aptitud insuperable y un dominio de la guitarra eléctrica y del rock que muy poca gente ha alcanzado a lo largo de la historia. En sus discos demuestra además que esto no se trata únicamente de hacer solos increíbles y mover los dedos más rápido que nadie, sino que compone con una madurez increíble, sin convertir sus canciones en un escaparate de lo mucho que mola. Entonces, tú que estás leyendo esto, ¿por qué no has oído nunca hablar de un tío que tanto se asemeja a un Dios verdadero pero en carne y hueso? Pues por una sencilla razón: Jorge Salán es un genio en todo lo referente a la música, pero no es un tío que mole.
Para empezar, está su forma de vestirse: desde unas botas con alzas para disimular que no es un tipo muy alto hasta unos pantalones de dudoso gusto. Luego está lo de ponerse un ventilador apuntando a la cara para que durante todo el concierto su melena quede al viento (esto, tras largas discusiones, puede deberse a la utilidad de quitarse el pelo de la cara). Y por último está su forma de gesticular, que a ratos parece que tocar la guitarra le produce un dolor inhumano (otra vez tras largas deliberaciones, puede ser que Salán sea uno de esos genios que siente la música de una forma que a los demás mortales nos es difícil de entender). En resumen, que aparte de tener un clarísimo don para la música ha estudiado mucho todo lo referente a ella, pero nunca se ha parado a hacer un solo con la escoba delante del espejo e imaginarse que está delante de 20.000 personas que se saben de memoria sus canciones.
Y sin embargo no puedo dejar de decirle a todo el mundo que escuche sus canciones, y desde ahora que vaya a sus conciertos. Porque puede que Jorge no sea un tío molón, pero lo que yo sentí ayer escuchando en directo el Driving Through the Tunnel es algo imposible de explicar. Puede que no sea transgresor, que no cause polémica y que los medios no le presten la atención que merece; pero es uno de los mejores músicos que ha habido en este país, un gran artista al que aún puedes ir a ver por 7 euros en una sala pequeña y difícil de encontrar donde el escenario queda tan cerca que puedes tocarle y luego puedes verle tomándose una cerveza como uno más. Un tío del que da gusto ser fan.
11 Dic
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Gafapastismo y crítica social, Xavi around the World
Desde que la novia de mi cacho-carne llegó a España estaba claro que una de los viajecillos de fin de semana iba a ser a Barcelona, que es una ciudad de nuestro querido país bien famosa. Además, la novia de mi cacho-carne ya había estado y resulta que es una ciudad de la que está enamorada, así que no podíamos fallar. Y, para rematar la jugada, teníamos una casa donde dormir por la patilla una de las noches, así que la alineación de planetas era perfecta para que por fin este calcetín conociese la Ciudad Condal.

¡Benvinguts a Barna!
Como todo buen madrileño, una vez me bajé del AVE (que por cierto es la leche) empecé a mirar con los ojos entornados a todo el mundo, por aquello de que en seguida te cogen el acento y te tratan con cierto desdencillo porque tú eres de la capital y ellos son de Barna, neng. Pero desde ya digo que en todo el fin de semana no sentí ningún tipo de desprecio ni resquemor proveniente de nadie, salvo de una camarera que ya era borde de por sí y simplemente un poco más borde con nosotros. Se agradece que podamos ir acabando con estas tonterías entre nosotros y guardar todo nuestro resquemor contra los calcetines de hilo y los franceses.
Yendo al grano, Barcelona es una ciudad la mar de chula, llena de sitios que visitar y cosas que hacer. En mi opinión, es una ciudad muy abierta y cosmopolita, el tener mar le da mil puntos extra y lo único que a mí me desquicia un poco es que la mitad de la ciudad tiene un horrible tufo gafapasta/culturetilla. Da igual que sea un museo, una tienda de chocolate o un bar, todo desprende diseño y molinismo moderno. O molinismo retro, pero porque eso lo moderno, no sé si me explico.
La otra cosa que no termino de entender es que parece que se han puesto de moda las tascas vascas, porque tienes por todas partes bares donde comer y beber igualito que en San Sebastián. No es algo que me desquicie como el gafapastismo (de hecho bien que aproveché la situación para comer), pero creo que turísticamente hablando no es lo mejor porque los guiris deben volverse a sus casas con una buena empanada mental de la cultura española. No me sorprendería llegar a Tokio y encontrarme un “Bar Catalunia” donde ponen txacolí y pintxos de bacalao.

Guiris disfrutando de la confusión.
Para quien busca algo más de la tierra, por lo que yo he visto de lo mejor que puedes hacer es ir a visitar el mercado de la Boquería (que de todas formas es una parada obligatoria) y comer en alguno de los baretillos que hay ahí. De hecho, la recomendación del chef (la novia de mi cacho-carne, vaya) es el “Quim de la Boquería”, que es más caro de lo que cabe esperar de un tugurio dentro del mercado pero al parecer la comida merece muchísimo la pena, cosa que tampoco se espera de un tugurio dentro del mercado.
Yendo a la parte cultural, es imprescindible si pones la panza en Barcelona visitar el Parque Güell, el parque diseñado por Gaudí y que es simplemente genial. No os dejéis engañar, el autobús te deja en la puerta (tras dar un rodeo) y te ahorras subir una cuesta del copón. Además, visitar el parque es la única forma en que la gente normal puede disfrutar de Gaudí, porque la gran pega de Barcelona es que es cara de narices a la hora de visitar cosas. Que yo comprendo que terminar algo tan descomunal como la Sagrada Familia requiere una inversión importante, pero que no hace falta construirla en oro y 11 eurazos la entrada hacen que mucha gente se quede sin entrar (bien ayudados por la impresionante cola).

La desilusión de los culturetas pobres.
Lo mismo, pero mucho más hiriente, pasa con la Casa Batlló. Resulta que es algo tan chachi que va la UNESCO y lo declara Patrimonio de la Humanidad, que viene a decir que hay que conservarlo y cuidarlo para que todo el mundo pueda verlo y disfrutarlo por los siglos de los siglos. Pero resulta que lo que la han debido de declarar es Patrimonio de la Humanidad Pastosa, porque no me parece a mí que 16 euros la entrada faciliten el acceso universal a la cultura, precisamente. Creo que con semejante cantidad de turistas y tal variedad de monumentos la ciudad podía fácilmente encontrar otras formas de financiación para facilitar que la gente joven, o la que no tiene un presupuesto muy amplio para viajar, pueda disfrutar de estas cosas. Tengo que repetir que la ciudad me encanta y el ambiente es genial, que disfruto paseando de un lado para otro, pero se me queda esta espinita clavada de no haber entrado a dos monumentos que aparecen en los libros de historia simplemente porque no me llegaba el dinero.
A cambio, metiéndonos en la parte amable de Barcelona, existen unos cuantos sitios muy recomendables. Para empezar, una Catedral en la que no sólo puedes beber agua de una fuente, sino que lo haces al lado de un estaque con cisnes. ¡Cisnes en la casa del Señor! En mi opinión es algo digno de ver. Como lo son la Sagrada Familia, la Casa Batlló, el Parque Güell y todo lo que huela a Gaudí, que aunque te quedes en la puerta es algo impresionante. Por supuesto, ya lo he dicho antes, el mercado de la Boquería es una parada vital: la vida que desprende este sitio es espectacular, y todo gira en torno a la comida. Y claro, teniendo mar no se puede dejar de ir a ver el puerto y la archifamosa estatua de Cristobal Colón señalando para donde no es (si esta estatua nos dice algo es que el chico no “descubrió” América, sino que más bien se la “encontró”) y, si tienes suerte, uno de los barcos más famosos del mundo: el Rainbow Warrior de Greenpeace.

Imprescindibles de la ciudad Condal.
Y por fin ha llegado el momento de hablar de cosas que nadie conoce y que a mí me han encantado. La primera es una tiendecilla/bar de chocolate que se llama Bubó, situada detrás de una placilla estupenda. El sitio es de esos muy gafapastas que hemos comentado antes, pero cuando pruebas sus postres se te va de la cabeza todo prejuicio porque está buenísimo y a un precio muy asequible teniendo en cuenta la calidad de las creaciones (que así llaman los gafapastas al postre). Además… ¡te regalan el vaso! No voy a decir que escogiese mi chocolate porque sabía que me iba a quedar con el vaso de cristal, pero sí que se agradece no tener que planificar cómo escurrírtelo al bolsillo.

Mmmm chocolaaaaaate gafapaaaasta.
Pero la gran sorpresa de este viaje ha sido sin lugar a dudas Happy Pills, una tienda de gominolas cuyo nombre debe de ser ilegal bajo las leyes de protección del menor por incitar al consumo de drogas. Es un sitio tan genial que merece que le dedique un post entero, así que tendréis que esperar.
Y , como siempre digo al llegar al final de un artículo sobre una ciudad o un país, todo esto no son más que palabras y algunas fotos chulas, y si de verdad quieres conocer Barcelona tienes que ir hasta allí y patearla. Es de esos sitios que no decepcionan, salvo si eres guiri y lo que quieres es conocer la España profunda, que entonces es mejor dejarse de modernismos y tirar para Castilla la recia.
04 Dic
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
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No sé cómo he podido tardar tanto en publicar esta entrada.. ¡dos días! Sí, últimamente me lleva meses hacer un artículo cualquiera, pero ahora resulta que gracias a las redes sociales dos días dan para mucho. Hace 48 horas la gente empezó a protestar por el proyecto de ley que permitía a una comisión del Gobierno cerrar páginas sin que un juez diese el visto bueno (ejemplo práctico: imagináos que la SGAE puede ir cerrando páginas a su antojo y luego ya veremos qué piensa el juez…). Hace 40 horas los blogs de toda España se llenaban con este mismo manifiesto (por la tarde las cifras eran de unos 60.000 blogs, y por la noche de 200.000). Hace 24 horas algunas personas elegidas por vaya usted a saber quién (pero ojo, salvo por un par de ausencias muy bien elegidas, gente de coco y que saben mucho de Internet) se reunían con la Ministra para hablar del tema. Hace 14 horas el Gobierno empezaba a recular. ¿Quién sabe qué pasará mañana?
De momento aquí está el granito de arena de este calcetín para esta grandísima montaña.
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
Código para Technorati (cosas de frikis): 3AYKM6V4CC24
26 Nov
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Una de las pocas alegrías que te llevas al tener un sueldo bajo es que, si estás pensando en irte por fin de casa de tus padres, lees por todas partes que puedes pedir la Renta Básica de Emancipación (a partir de ahora, RBE) para que el Gobierno te de unos eurillos de ayuda para pagar el alquiler de tu casa. Como no podía ser de otra forma, desde el mismo momento que se empezó a gestar lo de irnos a vivir con la novia de mi cacho-carne me fui informando de lo que tenía que hacer. Y no ha sido nada pero que nada fácil.

Sí, como si te pudiese sentar relajadamente en el sillón…
Lo primero que hice, como todo hijo de vecino, fue meterme en Google y llegar a la página desde la que puedes descargar el formulario para pedir la RBE y te cuentan todo lo que hay que hacer. La verdad es que la página está muy clarita y te lo pone todo muy fácil. El problema es que la mitad de la información no te la dan, pero vamos por partes.
Yo empecé por leerme, en la propia web, los requisitos para pedir la RBE:
1) Tener entre 22 y 30 años. El tramo con mayores dificultades de emancipación está entre los 22 y los 30 años.
Bien, vemos que se trata de que la gente que tiene su primer trabajo pueda irse de casa de papá y mamá, y que esa gente tiene más dificultades porque los sueldos de becario son una mierda pinchá en un palo. Este concepto tiene dos fallos. El primero es que los estudiantes que con 18 añitos se van a la universidad también tienen dificultades para pagar el piso, y me parece feo que el Gobierno presuponga que pueden chuparle la sangre a sus padres y no les ayude (aunque existen becas de movilidad y tal, así que no es tan grave). El segundo es que las dificultades no son sólo económicas, por lo que las ayudas deberían incluir alguien que te planche las camisas (que ya empiezas a currar y está feo ir arrugado) y te prepare por las mañanas el Tupper con la comida y luego croquetas para cenar. Si se trata de fomentar la emancipación que la fomenten en condiciones, que el dinero no lo es todo joé.
2) Disponer de una fuente regular de ingresos que no superen los 22.000 euros brutos anuales. Esto incluye a los trabajadores por cuenta propia o ajena, a los becarios de investigación, y a los perceptores de prestación de desempleo o de una pensión por incapacidad. Si tus ingresos mensuales, aproximadamente, no superan los 1.500 euros netos, podrás acogerte a la ayuda. 8 de cada 10 jóvenes empleados están en esta situación.
O sea, que al Gobierno no se le escapa que los sueldos de becario o de principiante son una mierda pinchá en un palo. Ni se le escapa el problema del paro. Ni que 8 de cada 10 jóvenes lo llevan chungo por este camino. O sea que lo mismo un día alguien se pone a solucionar estas cosas para que no haga falta dar una ayuda al alquiler. Además, muchos padres estarán molestos con que no se les incluya en este párrafo cuando probablemente sean fuente principal de los ingresos de la juventud española.
3) Acreditar una vida laboral de al menos 6 meses de antigüedad, inmediatamente anterior al momento de la solicitud, o una duración prevista de la fuente de ingresos de al menos 6 meses contados desde el día de su solicitud. Si has estado trabajando durante los últimos 6 meses lo comprobaremos directamente con la seguridad social, o si en los próximos 6 vas a estar trabajando y recibiendo ingresos de forma regular, debes aportar copia del contrato.
Esta condición demuestra que escriben para que nadie lo entienda. La segunda parte no añade ni complementa, simplemente repite lo mismo que el párrafo en negrita en un lenguaje comprensible. Además, aquí empiezan los problemas, porque lo de que lo comprueban ellos directamente es mentira podrida, que yo llamé y me dijeron que había que presentar un “certificado de haberes”, que es simplemente un papel con un sello de la empresa que ponga cuánto tiempo llevas currando y cuánto ganas al mes.
4) Ser titular del contrato de alquiler. El contrato de alquiler de tu piso debe estar a tu nombre, o al menos debes ser uno de los firmantes.
Condición que veo lógica y además no se me ocurre ningún chascarrillo que sacarle.
5) Los extranjeros no comunitarios deben contar con la residencia legal permanente en España. Si es tu caso, debes tener la autorización de residencia permanente, que te conceden cuando acreditas haber residido legalmente y de forma continuada en territorio español durante cinco años.
Otra condición lógica y bien explicada, porque igual que a mí no me dan ninguna ayuda si les digo que no me quiero ir a Lavapiés sino que mejor me voy a Montreal (ejemplo hipotético, como siempre) tampoco le veo sentido a que un chavalillo de Canberra piense que se viene aquí a emanciparse y a beber sangría a costa de todos los españolitos.
Bueno, ya hemos terminado de repasar las condiciones que vienen en la web. Y ya van más de 800 palabras, esta entrada va a ser más larga que un día sin pan. Mira, como el siguiente paso para pedir la RBE: recolectar todos los papeles. Qué bien traído y qué poco preparado el chiste, oye. Empecemos leyendo lo que pone en la página web que hay que presentar:
Basta con presentar el impreso de solicitud en el que figuran los datos personales necesarios para comprobar que se cumplen todos los requisitos como, la edad, el número de la Seguridad Social, la referencia catastral de la vivienda, el número de cuenta, etc. Y una copia del contrato de alquiler. En algún caso deberás presentar otra documentación que demuestre que cumples algún requisito exigido. Infórmate en tu Comunidad Autónoma.
Como no me fío yo de estas cosas y me parecía poco papeleo para lo que suele hacer falta en este país, llamé por teléfono y pedí a alguien que me dijese todo lo que tenía que presentar tras contarle mi situación personal, incluyendo lo de que la novia de mi cacho-carne es de Canadá porque es una bonita y enternecedora historia que ablanda el corazón al funcionario más recio. El caso es que me lo dijeron rápidamente, y menos mal que llamé y me explicaron lo que ellos realmente entienden como “basta con el formulario y el contrato de alquiler”: el formulario de solicitud debidamente cumplimentado; fotocopia del DNI; certificado de haberes, que ya he explicado lo que es, la fotocopia del contrato cara a los próximos seis meses; la fotocopia del contrato del alquiler; el recibo de haber pagado ya los meses anteriores y una copia de la orden de transferencia permanente dada al banco para que pague el alquiler cada mes automáticamente.

Siempre hay una viñeta de Forges adecuada.
¿A que así dicho queda clarito? Pues sí. El problema es que cuando llamé me dijeron que era mejor hacer la orden de transferencia permanente porque así era todo más rápido. Lo que no me dijo la muy perraca es que la cuenta del banco desde la que se paga el alquiler tiene que estar a nombre de todos los inquilinos. Menos mal que al leer en la letra pequeña del formulario de solicitud vi que la orden de transferencia tiene que “estar firmada por todos los titulares del contrato”, y llamé para decir que el alquiler se pagaba desde mi cuenta y que a mí en el banco no me habían pedido más firma que la mía (faltaría más), y entonces me lo explicaron.
El caso es que, gracias a que en la empresa de mi cacho-carne me ayudan todo lo posible con estas cosas, en unos diez días conseguí reunir todos los papeles, hacer todas las fotocopias y tenerlo todo preparado. Tengo que decir que el formulario lo tuve que rellenar un par de veces porque está hecho de forma que es muy fácil cagarla en algún lado y tener que repetirlo, supongo que porque así esperan que la gente acabe desistiendo o para luego poder denegar alguna porque el formulario está mal cumplimentado.
Al final, después de todo eso, pude ir a la oficina de vivienda de la Comunidad de Madrid a entregar una cantidad bíblica de papeles. Y aun así la chica que me atendió intentó darme por saco diciendo que el certificado de haberes ponía el salario en neto y no en bruto. Me faltó poco para liarme a dar maletazos (llevaba otra remesa de cosas de casa de mis padres a mi casa) a todo el mundo, pero conservé la calma y le indiqué que bastaba con leerse todo el documento y hacer una sencilla suma para obtener el dato que me estaba pidiendo. La tía puerca se vengó diciéndome que ya sabré algo (no que ya cobraré, no, sino que ya me dirán si cobraré) en cuatro meses. Ya os contaré entonces.
18 Nov
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Si hay algo que durante los dos últimos meses ha destrozado mi vida provocándome stress, insomnio y ganas de lloriquear como una nena ha sido el papeleo. Desde el día en que por fin encontramos un piso hasta el momento de entregar el último papel firmado y sellado por la curia vaticana al pleno, cada semana y casi cada día hemos ido descubriendo nuevos formularios que cumplimentar y firmar hasta el punto de que la novia de mi cacho-carne ha decidido acortar su firma porque se le cansaba la mano. No es un chascarrillo, que lo ha hecho.
El resultado de estos duros meses de ir de oficinilla en oficinilla, de fotocopiar suficiente papel como para poder culparme a mí *personalmente* calcetinalmente de la deforestación del Amazonas, de correr de un lado para otro recopilando firmas, datos, papeles y sellos, es esta guía para alquilar un piso en Madrid y no morir de un infarto. O sí, pero ya en tu piso con todo arreglado.

Ronaldao, vete talando que hay otro en Madrid que quiere alquilar un piso.
1- El contrato de alquiler: La Agencia Municipal de Alquiler.
A la hora de hacer el contrato, nosotros lo hicimos a través de la Agencia Municipal de Alquiler del Ayuntamiento de Madrid, que es una forma de asegurarse unas condiciones mínimas, un precio más o menos justo y tener a alguien a quien recurrir si el casero (o el inquilino, ojo) da por saco.
Pues bien, para que la Agencia de el visto bueno al contrato el inquilino tiene que someterse a un examen financiero de lo más detallado: contrato de trabajo, nóminas, vida laboral y todas esas cosas. El problema está en el supuesto práctico e hipotético de que uno de los inquilinos no sea español y no tenga contrato de trabajo sino una beca con el Ministerio que aún no ha cobrado (luego no hay nóminas). Ojo, si a ti también te pasa vete fotocopiando todas las cartas del Ministerio y los papeles de haber solicitado el NIE, que tiene solución, pero después de revisar todos esos papeles puede que la Agencia decida que no eres de fiar y que te hace falta un aval, y entonces hay que presentar también fotocopias de la declaración de impuestos del avalista. Una vez entregas todo esto, la Agencia tarda como un mes en volver a dar señales de vida, y la verdad es que lo comprendo si de verdad se leen todos esos papeles (y ya si se ponen a comprobarlos, flipa).

¿Me deja firmar mi contrato ya, señor de la Agencia Municipal de Alquiler?
Pero eso no es todo. Una vez la Agencia da el visto bueno hay que ir a firmar, y diga lo que diga el diccionario no es coger un boli y plantar tu nombre en un papel. Probablemente primero tengas que corregir pequeños detalles del contrato como que pongan tu nombre y tu DNI y no el de alguien a quien no conoces, o que corrijan las fechas que aparecen. Luego puede que se haga todo más largo y pesado si resulta que el tío de la Agencia es un cerril que se niega a añadir una coletilla a una cláusula… como sé que hay gente que defiende al chaval, me basta con decir que el “departamento jurídico que revisa todo para asegurarse de que es correcto y yo no puedo añadir nada a esa cláusula” se deja fallos del tipo de confundir “arrendatario” con “arrendador”… otro pequeño detalle.
El remate a todo esto es que nadie te había dicho antes que eres tú el que tiene que pagar un impuesto, para lo que tienes que ir al estanco y comprar un papel que, además, tienes que rellenar y firmar con el casero. Y el re-remate es cuando te gastas 30 euros en ese papel, llamas al casero para saber cómo rellenarlo y te dice que hasta la fecha nadie se ha molestado en cumplir ese trámite. La cara de imbécil que se te queda es fina.
A nosotros todo este papeleo nos ha llevado mes y medio y muchos cabreos. Sí, se podía haber tardado menos, pero estábamos ocupados con otras cosas, como por ejemplo…
2- Facturas, recibos, domiciliaciones y amenazas.
Resulta que aparte de todo el tema del contrato, cuando te mudas a una casa tienes que hablar con las compañías correspondientes para que domicilien los recibos a tu cuenta. Es una cosa lógica, normal y cómoda, y no es de eso de lo que me quejo. Me quejo de que cuando llamamos al Canal de Isabel II nos dijeron que había una factura sin pagar y que como ya está fuera de plazo, lo mismo cortaban el agua aunque lo domiciliásemos en ese mismo momento. Era el momento adecuado para hablar con el casero, y hay que reconocer que si bien este marrón era suyo y no merece ninguna alabanza se hizo cargo del asunto y lo arregló rápidamente.
Pero eso no era todo lo que nos esperaba, porque a las dos semanas tuve que volver a llamar al casero y explicarle que me había llegado otra carta, esta vez de Iberdrola, porque a ellos también se les debía una factura. Tras explicarle que era bastante desagradable recibir cartas amenazantes cada dos por tres conseguimos encontrar la forma de solucionarlo, y también le dije que esperaba no encontrarme al volver a casa a un sicario rompe-piernas o algo así.

El día menos pensado uno de estos se autoinvita a cenar en casa…
Pero si hay un trámite imprescindible no es la luz, el agua ni que funcione la cisterna del váter. Es tener Internet. Y si hay en este mundo una cosa desesperante es la situación de Internet en España. No es sólo que sea lento y caro comparado con superpotencias tecnológicas como, pongamos un país puntero, Lituania; es que somos lentos incluso para ponerlo en una casa. No le veo ningún sentido a que desde el momento en que llamas a una compañía para ofrecerles tu hígado a cambio de una línea de teléfono con su ADSL pasen más de 48 horas hasta que el técnico sale de tu casa tras instalarte la línea, y que luego tenga que llegar el router por mensajero varios días después.
Y ojo, lo más impresentable es que para no mojarse el culo las compañías se ponen un plazo máximo, desde el momento que lo contratas hasta el día que puedas estar navegando, de un mes. ¡UN MES! ¿En que siglo se creen que vivimos? ¿No se dan cuenta de cuanto porno información se acumula en la Red durante todo un mes? ¿Por qué una persona puede tener un móvil con pantalla táctil que graba vídeos, sirve de MP3 y lanza Ondas Vitales -sí, pequeños, es una aplicación del Iphone- en la media hora que tarda en comprarlo y no puede tener Internet en casa?
Pero bueno, una vez has hecho todo esto ya puedes vivir feliz en tu casa… a no ser que quieras solicitar la Renta Básica de Emancipación. Pero eso merece un artículo aparte.
07 Nov
Esto es cosa de: dresde
Publicado en: Estudio socioantropológico de la humanidad en general
Por poco tiempo que lleves siguiendo este blog ya sabrás que hace dos años me mudé a Holanda gracias a una beca Erasmus de mi cacho-carne, y hace un año me fui seis meses a Canadá gracias a una beca porfa-papá-y-mamá-que-he-conocido-a-una-chica-de-allí. También sabrás que al llegar a Holanda simplemente limpiamos todo un poquillo, repartimos el contenido de la maleta entre los dos muebles que había y bajamos al todo a cien a completar un poco el menaje. Y nunca lo he contado, pero al llegar a Canadá simplemente nos plantamos en casa de la novia de mi cacho-carne y pedimos un cajón.
Pues bien, mudarse, algo que ha sido tan sencillo en ambas ocasiones pese a incluir idiomas incomprensibles (el plural no está de más: holandés y francés) y vuelos transatlánticos (este plural sí que es mentirijilla), ha sido una auténtica pesadilla yéndome a vivir a once paradas de metro de casa. Una vez conseguimos encontrar un piso a nuestro gusto, con unas condiciones que nos interesasen y un casero que no quisiese jorobarnos la vida en el último momento, empezamos a encontrarnos unos pocos inconvenientes a la hora de empezar a vivir en nuestro nuevo hogar.

Y explícale a tu novia canadiense lo que es vivir en una comunidad de vecinos española…
Lo primero fue llegar hasta la casa cargando con la vida de dos veinteañeros, uno de los cuales es una chica acostumbrada a tener un armario tan grande como la cocina del nuevo piso. Lo malo no es cargar como mulas, que eso es algo asumible y lógico, sino darte cuenta de que en tu nuevo barrio no hay Dios que aparque. Menos mal que para eso están los amigos y la familia y echan una mano en todo lo que pueden, ya sea cargar cosas como recoger el coche que no sabes dónde meterte (bueno, de hecho el problema es que sólo se te ocurre un sitio…).
Lo segundo fue limpiar. Pero no como en Holanda de “le pego una pasada rápida a todo para quedarme satisfecho y listo”, sino llamar al SELUR y frotar las paredes. Vaya, que uno espera que cuando le dan las llaves de un piso al menos le hayan pasado una escoba al suelo. Y lo peor es que al limpiar te das cuenta de otras cosas. Es decir, yo puedo limpiar los churretes de la pared, pero si detrás de un corcho me encuentro dos desconchones en la pared “arreglados” con celo me siento impotente, igual que si estoy pasándole una bayeta a la cisterna y una tuerca se cae hecha cuatro pedazos. En cambio, cuando me encuentro en la cocina un tornillo enorme y una tuerca que pesa más que un ordenador no siento impotencia, sino una curiosidad mortal que el portero no sabe satisfacer con su “aham, vale, ya me la quedo yo”.
Otro punto clave de esta mudanza estaba en el armario, que volviendo a lo de la “chica acostumbrada a armario tamaño canadiense” no es tema baladí. Así que para aprovechar al máximo el espacio, quedamos con el casero en que pondrían unas baldas o cajones o algo así dado que hasta la fecha no se ha encontrado forma de colgar en una percha diez pares de calcetines y unos gayumbos (ojo, en IKEA sí vimos la forma de conseguirlo).

Tanto trabajo para que luego no se vea la magna obra de ingeniería…
El encargado de la obra en cuestión era el portero (un tío majísimo, por cierto) y tres días después de la mudanza descubrimos al llegar a casa que ya había empezado a montar los estantes. El problema es que también descubrimos que no habíamos sido suficientemente específicos a la hora de señalar la altura de los estantes y que, con los que nos había puesto, no cabían colgados en las perchas cosas más largas que unos gayumbos de verano. También descubrimos una especie de sol pintado en la pared -si, esa que ya habíamos tenido que limpiar- que directamente preferimos ignorar porque cualquier explicación al respecto habría sido mucho peor. Así que al día siguiente, antes de ir al trabajo (efectivamente, no se me ocurrió hacerlo a lo largo de la tarde anterior) escribí una nota para el portero con las indicaciones pertinentes, dibujé un gráfico e hice las marcas en la madera para que no tuviese pérdida, sacando al arquitecto que llevo dentro. Y oye, un diez para el portero porque al día siguiente estaba todo montado perfectamente.
Esos mismos días también aprovechamos para hacer lo único molón que tiene mudarse de casa: ir al IKEA. Allí nos hicimos con nuestras estanterías minimalistas, cacharros para la cocina y un cesto de la ropa sucia con la tapa en forma de tortuga. Aquí tengo que decir, lleno de orgullo daltónico, que conseguí ganar la discusión sobre el cesto no con mi irrefutable argumento de “una tortuga mola más que un pez”, sino con el de, en mi opinión menos contundente, “todo el baño es azul, así que tu cesto de pez rojo no pega tan bien”.
Como últimos detalles de lo difícil que puede ser mudarse, voy a hablar de la necesidad de adaptarte a tus nuevos electrodomésticos y cacharritos. Por supuesto, hay que agradecer a la familia el que te dejen sábanas, sartenes y básicamente todo de lo que tu padre quiere aprovechar para deshacerse (y yo bien que lo agradezco). Pero hay cosas para las que la familia no está y que tienes que afrontar tú sólo que para eso eres independiente desde hace tres días, como entender el calentador y la lavadora.

Cuadro de mandos de un calentador. Parece fácil…
Para empezar, el calentador de agua no tiene mucho misterio: calienta agua y la mantiene calentita en un depósito. Y cuando te acercas a él y ves que tiene una rueda no es difícil entender que sirve para graduar la temperatura del agua. Hasta ahí bien. Pero… ¿y si te encuentras con un botón? Yo creo que debe ser algo como una especie de turbo, para cuando te quedas sin agua caliente en el depósito que vaya más rápido, pero tengo que ser sincero y decir que tras más de un me viviendo aquí aún no lo entiendo. Al menos consuela saber que la novia de mi cacho-carne lo entiende aún menos y sigue duchándose la mitad de las veces con agua fría.
Ahora vamos con la lavadora. Para ser exactos, con la lavadora-secadora. Ya sabemos todos que cada lavadora es un mundo, que hay que conocer sus programas, su forma de ser y su fisionomía. Pero todas, mal que bien, siguen unas pautas en su cuadro de mandos que las hace “compatibles” con tus conocimientos, aunque hay algunos inconvenientes.
Por ejemplo, tengo que hacer un llamamiento internacional a los diseñadores de los botones de lavadoras para que al menos se pongan de acuerdo en los iconos a utilizar. Es muy difícil saber, a bote pronto, cuál es la diferencia entre poner algo en la secadora “40 minutos”, “plancha”, “armario” o “armario de rayas gordas”. Y con la secadora al menos te puedes hacer una idea de que viene a significar cómo de secas quieres las cosas, igual que “sol” significa secar; pero ¿qué diferencia hay entre lavar algo “camiseta”, “camiseta con dos rayas”, “camiseta con tres rayas” o “sombrerito”? ¿Realmente tiene para alguien algún sentido? Cada día siento que arriesgo toda mi ropa al meterla en el tambor.
Para más inri, los fabricantes de lavadoras no se contentan con poner iconos raros, sino que los ponen unas veces en botones, otras en ruedas que giran o, como en el caso de la lavadora que me concierne, en BOTONES RUEDA, que los pulsas y sale una rueda llena de los iconos incomprensibles. Creo sinceramente que es algo tan sofisticado que en la NASA lo están estudiando ahora. Quiero decir, les acaban de poner estas lavadoras y están los ingenieros intentado entenderlas.

El sumun de la sofisticación.
Pero, para no asustar a mi madre y a mi abuela, puedo confirmar que un calcetín y dos personas con carreras universitarias puestas delante de la lavadora mientras leen el manual de instrucciones sí son capaces de entender esta máquina. Eso sí, reconozco que usamos siempre el mismo programa que ya sabemos que funciona, porque todo lo demás nos da miedo. Creo que el tema de las lavadoras empiezas a dominarlo al tiempo que consigues la supercapacidad para detectar la fiebre poniendo la mano en la frente de la gente…